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Blog de Juan Yáñez, desde San Juan de los Morros, Venezuela....

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LA HONESTIDAD..., ¿UN ARTÍCULO ESCASO?



Juan Yáñez                         Publicado el 14.12.08

Amables lectores, hoy nos motiva hablar de una personalidad que en estos tiempos de turbulencia social, incertidumbre económica y devaneo político, entre otras cosas, se hace oportuno acercarnos a Diógenes de Sinope, -el filosofo cínico- para conocer o recordar sus convicciones y creencias.

 En la Grecia clásica y el mundo antiguo, donde occidente se nutrió y estableció los precedentes de lo que sería el mundo civilizado que hoy día disfrutamos y padecemos, existió este pensador del que sólo han quedado anécdotas, que nos muestran a un hombre con una clara percepción de los principios morales y que se esforzó en comunicarlos y cultivarlos.

También el suyo fue un mundo convulsionado, muy parecido a lo que actualmente toleramos. En aquella época, las ideologías, tanto políticas como sociales y económicas estaban en crisis. Las instituciones estaban debilitadas y la inflación corroía la moneda, creando inseguridad y zozobra en la sociedad.

 Diógenes, el cínico se dedicó a educar, a transmitir sus conocimientos y lo hacía habitualmente y abiertamente en la vía pública. El apelativo: cínico, deriva del nombre que llevó la escuela fundada por Antístenes, quien fuera discípulo de Sócrates y maestro de Diógenes.

 Es oportuno aclarar que el vocablo: cínico, en la antigüedad difería del significado actual que tiene esta palabra. Los verdaderos cínicos fueron hombres de una elevada capacidad moral, que no perdían oportunidad para expresar una crítica constructiva a las democracias y dictaduras de su tiempo. Fueron seres independientes que renunciaron a toda posesión innecesaria. Vivian frugalmente y su independencia era su más caro objetivo.

Pasaban su tiempo filosofando, hablando con todo aquel que quisiera oírlos e interesarse en sus palabras En sus conversaciones incluía el reprender los vicios de los opulentos y poderosos, el despreciar los bienes materiales, el ensalzar la humildad y la moral. Todo ello lo hacían de una manera irónica, en medio de risas y con un gran sentido del humor.

Al no tener ninguna ocupación de las que llamamos normales, disponían de tiempo para instruir y trasmitir los verdaderos valores, que hoy conocemos como espirituales, pero que más adecuadamente son morales y éticos.

 Fue Diógenes la personalidad más prominente de esta escuela, y en su discurso se adelanta de manera bastante clara, -por más de tres siglos- a aquella fraternidad que el cristianismo posteriormente estableció y divulgó. Es asimismo es comparable el cínico con el monje cristiano, por la austeridad y la pobreza que ambos practican como ideal de vida.

Fue en Corinto y Atenas donde se le conoció y respetó por su justa palabra y su franqueza. Atrajo la simpatía de pobres y ricos; y trataba con respeto y consideración hasta a los más humildes e ignorantes. Su prédica era cónsona con su condición. Se supone que alguna vez haya vivido de la mendicidad y más probablemente en la forma que conocemos como asceta mendicante.

Hubo de soportar tribulaciones y humillaciones, como la de ser capturado en el mar por piratas y vendido posteriormente como esclavo. Xeníades, un personaje de su época, paga por Diógenes su peso en oro, lo lleva a su casa y lo convierte en maestro de sus hijos. Xeníades dice de Diógenes: “Un espíritu benevolente ha entrado en mi casa”…

Ya en su madurez, moraba el filósofo en la periferia de Atenas, en una zona boscosa, de manera precaria, -la leyenda dice que se guarecía dentro de un barril- y en contacto con la naturaleza. Hasta allí llegaban los que gustaban de oírle.

Según cuenta la tradición, fue allí donde sucedió la célebre entrevista con Alejandro Magno de Macedonia, quien arrogante y soberbio, creyendo estimular en Diógenes el interés y la codicia, le preguntó: “-¿Qué puedo hacer por usted? Y recibe como escueta y displicente respuesta: -Apartarse…, me tapa la luz…”  

Interesantes son algunos fragmentos de sus palabras que perduraron en el tiempo:…”Boté mi taza cuando vi a un niño bebiendo con sus manos del río”… ”Un hombre bueno es un retrato de Dios”… “Entre a un prostíbulo y aprenda el poco valor de lo caro”… ”Quienes aman el lujo hicieron de la frugalidad una aflicción”… ”¿De qué sirve un filósofo que no hiere los sentimientos de nadie?...

 De Diógenes es la conocida sentencia, que constituye a la vez, su frustración y su tragedia: “Aún, a plena luz del día, no puedo encontrar a un hombre honesto”… Ya para finalizar, apreciados lectores, se nos ocurre que el contenido de este aforismo nos invita a la reflexión... Sin duda, Diógenes en esas palabras, nos estaba induciendo a realizar nosotros mismos la búsqueda y la realización de esa virtud... Definitivamente, en aquella época y en todas las demás, la honestidad siempre fue… un artículo escaso…




Material gráfico: www.davemckay.co.uk    www.easypedia.gr   www.tradicionclasica.blogspot.com   www.johnwilliamswaterhouse.com




Publicado en el Diario la Antena, de San Juan de los Morros, el 14.12.08