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Bienvenidos amables amigos y consecuentes lectores de nuestra................. COLUMNA DE PAPEL

Blog de Juan Yáñez, desde San Juan de los Morros, Venezuela....

LA FINALIDAD DEL PRESENTE BLOG ES PARA EXPRESAR IDEAS, COMENTAR LO QUE CONSIDERAMOS DIGNO DE ELLO Y HASTA PARA DECIR LO INCONVENIENTE SI FUERA NECESARIO...




Estudio revela: Los psicólogos son las personas que más problemas mentales tienen


Interesantes revelaciones
México.- Un no tan revelador estudio de la Universidad de Harvard, demostró que de todas las profesiones, generalmente son los psicólogos los que más problemas emocionales y mentales tienen en sus vidas.

Según el estudio, los psicólogos solo intentan decirte cómo ellos quisieran vivir su vida pero en realidad nunca lo han logrado. “Te piden que seas menos rencoroso, que vivas en paz y que practiques Yoga, cuando en realidad la mayoría no puede ni con su relación de pareja”.

“No queremos decir que los psicólogos no tengan la capacidad de ayudar, simplemente tienen la misma que cualquier otra persona que no haya estudiado nada relacionado con los procesos de la mente humana o el comportamiento de las personas”, dice Jonathan Harvig, director de la facultad.

Al parecer, los psicólogos eligen su carrera no por tener ganas de ayudar a la gente, sino por tener ganas de entender sus propios problemas pero difícilmente lo logran.

“El otro día, hablando con mi terapeuta sobre la muerte de toda mi familia y que nos quitó el banco la casa y ahora que me corrieron del trabajo, me insistió con que ‘le eche muchas ganas’ pero luego salí de la sesión y la escuché diciéndole a su amiga que si su esposo no le da un beso todos los días, es porque debe divorciarse”, dijo uno de los pacientes que fueron analizados.

La teoría que querían confirmar los estudiantes de Harvard indica que efectivamente los terapeutas no son más que personas muy afectadas que piensan que por haber superado un pequeño obstáculo en sus vidas, ahora pueden ayudarte a eliminar tu depresión, ansiedad o lo que sea que sufras.




Leer más: http://eldeforma.com/2016/01/06/estudio-revela-los-psicologos-son-las-personas-que-mas-problemas-mentales-tienen/#ixzz4ObnG9LTk

Julián Díaz: elixir culinario. El bartender, sommelier y cocinero elige el aceite de oliva para cruzar sus profesiones y poner en valor la excelencia de los óleos argentinos


Foto: Rodrigo Ruiz Cianci

Laura Litvin LA NACION DOMINGO 31 DE JULIO DE 2016


Acaba de comprar una botella de aceite de oliva virgen extra (AOVE), sin filtrar. La abre con ansiedad, como quien quiere ver qué hay dentro de un paquete precioso. Se detiene en cada aroma y luego suelta unas gotas sagradas sobre unas rodajas de pan de campo recién horneado. En silencio, como en una ceremonia. Al primer bocado, Julián Díaz -bartender, sommelier, cocinero y dueño de los reconocidos bares porteños 878 y Los Galgos- sonríe con alegría. En su ADN gastronómico, la célula del aceite de oliva atraviesa todas sus profesiones y el virgen extra (ningún otro) siempre está. "Forma parte de nuestra cultura. En mi casa se lo cuidaba tanto que sólo se podía usar para ocasiones especiales. Cuando se abría ya no estaba bueno, y eso pasaba por ignorancia. Con los años me di cuenta de que era uno de los puntos más sensibles para trabajar en la gastronomía. Para mí es un parámetro de calidad: si entro en un restaurante y veo el aceite de oliva en la mesa como corresponde (nada de botellitas transparentes, engrasadas y sucias), significa que hay un buen trabajo detrás. Tener una visión crítica sobre el aceite de oliva fue uno de los últimos avances en los restaurantes argentinos. Por suerte, lentamente, se empiezan a revisar los procesos de manipulación: no tenerlo al sol, no comprar bidones gigantes, no rellenar las botellas, entre muchas otras cuestiones. El AOVE tiene la versatilidad de absorber aromas de cualquier cosa, por eso hay que conservarlo con cuidado. Si rellenás con aceite bueno una botella usada que tiene aceite rancio, todo se echa a perder. Igual, en los últimos cinco años avanzamos: se hacen concursos, cursos, catas; la industria fue comprendiendo y el cambio se está dando."

En la Argentina, la producción se remonta a 1562, cuando se plantaron esquejes traídos de Perú. Pero la producción local comenzó a competir con el aceite español, por lo que se ordenó la tala de todos los olivares del Virreinato. Fue en el siglo XIX, con la llegada de los inmigrantes y sus platos deliciosos, que volvimos a prestarle atención. El auge se vivió en 1954, cuando se promulgó una ley de fomento con el famoso eslogan Haga Patria, plante un olivo, que promovía la producción para paliar el desabastecimiento en Europa como consecuencia de la Guerra Civil Española. La gloria duró poco: en la década de 1960 el AOVE sufrió nuevos embates, esta vez por parte de los productores de aceites de semilla, que montaron una feroz campaña de desprestigio. Hoy se producen alrededor de 35.000 toneladas en el país (datos de la campaña 2015 proporcionados por referentes del sector) y el consumo se calcula entre 250 ml y 300 ml por persona por año, una cantidad mínima comparada con los países productores como España, Italia y Grecia, donde se calcula un promedio de 15 litros anuales por habitante. Pero la Argentina tiene todas las posibilidades, por la excelente calidad de sus aceites, de competir de igual a igual con los más importantes productores mundiales.

"Todavía hoy, aun cuando ya está reivindicado como uno de los alimentos fundamentales de la dieta mediterránea y son conocidos todos los beneficios para la salud, el aceite de oliva sigue soportando varios prejuicios -sostiene Díaz-. El primero es que es caro. Yo no creo que eso sea verdad. La botella dura un mes y vale, en relación con lo que dura, muchísimo más que lo que cuesta un paquete de pan lactal, que se termina en dos días. El segundo es que es feo, pero lo que pasa es que mucha gente confunde los defectos (producto del atrojado, de la fermentación o porque se pone rancio cuando envejece), y en realidad se trata de un aceite en mal estado. ¿Cuántas veces escuchaste que el aceite de oliva huele a aceituna de pizza o a trapo mojado? Eso está lejos de los aromas de la naturaleza que ofrecen los aceites de calidad."

Julián Díaz es sin duda uno de los protagonistas de la gastronomía local: forma parte de la asociación de cocineros Acelga, de la Asociación Argentina de Sommeliers, y es docente en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE). Su agenda febril incluye viajes en búsqueda de nuevos sabores (y de museos y galerías, su otra gran pasión). Cuando el 878 cumplió 10 años, escribió un libro junto con su pareja, la diseñadora Florencia Capella: 878 Cócteles, recetas e historias del Bar de Buenos Aires.

¿Tips básicos que debe tener en cuenta el consumidor de aceite de oliva?

Lo primero es que debe tener aromas frescos de la naturaleza: pasto recién cortado, hojas de tomate fresco, manzanas, cáscara de banana, hierbas. Otra cosa es que el color no tiene que ver con su calidad. Y luego, las distintas variedades de aceitunas ofrecen intensidades diversas y un poco de picor y amargor, esas son cosas normales de los aceites de oliva buenos. Ahora, los que dejan la boca aceitosa están mal hechos. No sirven ni para cocinar, hay que tirarlos.

¿Qué significa virgen extra?

Que es el primer aceite obtenido por medios naturales, no químicos. Es el de mejor calidad, jugo de aceituna puro. El segundo punto es el nivel de acidez medido en ácido oleico (que debe ser inferior a 0,8). El proceso de elaboración consiste en triturar la fruta entera y amasarla sin que entre en contacto con el oxígeno. Luego se centrifuga para que se separe la parte acuosa de la oleosa y se deja decantar en tanques. La pasta que queda se vuelve a centrifugar, pero lo que se extrae ya no es virgen extra. Va perdiendo calidad.

¿El aceite de oliva no mejora con la guarda?

No. Hay que consumirlo dentro del año, porque a diferencia del vino, se plancha, pierde intensidad. Es muchísimo mejor cuanto más cerca está de la cosecha, por eso no es conveniente comprar aceites importados, porque entre que los procesan y los transportan puede pasar mucho tiempo. Muchas veces terminamos comprando aceites más caros que los nacionales sólo porque son de afuera.


En esta nota:LA NACION REVISTALA NACIONLA NACION revistaGastronomía

Venezuela: los progresistas del mundo no pueden seguir callados

OPINIÓN
El compromiso de Hugo Chávez con la democracia duró exactamente lo que duró su mayoría electoral
MOISÉS NAÍM
FRANCISCO TORO
9 JUL 2016 - 23:44       CEST
Un paciente en un pasillo de un hospital de Mérida, Venezuela.(Marco Bello. Reuters)

                                                Hasta hace poco, el régimen que fundó Hugo Chávez era objeto de fascinación para los progresistas del mundo entero. Viajar a Venezuela a ver los logros de la revolución bolivariana se hizo parte de la agenda de una buena cantidad de activistas altermundialistas. La Venezuela de Chávez era celebrada.

Eso se acabó. La calamidad no se celebra. Y culpar de la catástrofe venezolana a Estados Unidos, a la oposición o a la caída de los precios del petróleo solo convence a un menguante grupo de ingenuos —o fanáticos—. El régimen chavista ha perdido su máscara: su militarismo, autoritarismo, corrupción y desprecio por los pobres están a la vista.

¿Por qué tardó tanto el mundo en enterarse? Porque Chávez acuñó un nuevo modo de actuar en política en el siglo XXI conjugando un simulacro de democracia con poder ilimitado y un boom petrolero.

El primer ingrediente fue la manipulación del sistema electoral. Chávez rápidamente entendió la importancia de no aparecer ante el mundo como un militar más que gobierna autocráticamente. Mientras hubiese elecciones, él era un demócrata. A muy pocos fuera de Venezuela parecían interesarles los aburridos detalles acerca de listas de electores sigilosamente falseadas, el ventajismo descarado, el uso masivo del dinero del Estado para comprar votos o discriminar a la oposición o el hecho de que los árbitros electorales fuesen activistas del partido del Gobierno.

Fue así como Chávez se volvió un maestro en el paradójico arte de destruir la democracia a punta de elecciones. Sigilosamente.

Los venezolanos han votado 19 veces desde 1999, y el chavismo ha ganado 17 veces. Y después de cada elección, la Constitución era violada un poco más, los tribunales y organismos de control más cooptados, los contrapesos institucionales más debilitados y las libertades más coartadas. El mundo no dijo nada.

El torrente de petrodólares que entró al país durante la larga bonanza petrolera de 2003-2014 se vio amplificado por un masivo endeudamiento que hoy llega a 185.000 millones de impagables dólares. El dinero se usó con dos propósitos: subsidiar el consumo de las clases populares y la corrupción de la oligarquía chavista. Mientras tanto, la economía real se desbarrancaba. Con la desaceleración económica y el colapso de los servicios públicos (seguridad, salud, educación, etc.) fue menguando la popularidad del Gobierno, lo cual lo forzó a cambiar de táctica: ahora toleraría derrotas electorales, pero no la pérdida de poder. Así, poco después de perder el control de una institución pública por la vía electoral, Chávez procedía arbitraria e ilegalmente a quitarle recursos y poderes.

Cuando Caracas eligió a un alcalde de oposición, Chávez primero le retiró sus principales competencias y luego Maduro terminó encarcelándolo. Cuando los votantes le dieron el control de la Asamblea Nacional a la oposición, el Tribunal Supremo, abarrotado de chavistas, bloqueó cada uno de sus actos. Ahora el Gobierno habla con desparpajo de eliminar por completo la Asamblea.

El compromiso de Hugo Chávez con la democracia duró exactamente lo que duró su mayoría electoral.

Algo parecido ocurrió con los medios de comunicación. Chávez entendió que cerrar medios independientes dañaría su reputación internacional. Pero para la Revolución Bolivariana la libertad de expresión es una amenaza inaceptable. La solución fue comprar los medios de comunicación independientes a través de empresarios privados. Los nuevos propietarios inmediatamente los transformaron en vehículos para la propaganda oficial. Decenas de periodistas fueron silenciados y la libertad de prensa en Venezuela se convirtió en una farsa: la disidencia desapareció de los medios que llegan a la mayoría de la población. La retórica chavista de solidaridad con los más desfavorecidos también resultó ser fraudulenta. Los discursos de amor a los pobres encubrían el saqueo del país por parte de Cuba y la inconmensurable corrupción de militares y de la burguesía bolivariana o boliburguesía. Un revelador ejemplo de esta corrupción son los 100.000 millones de dólares en ingresos petroleros que desaparecieron del Fondo de Desarrollo Nacional, donde estaban depositados. El Gobierno jamás rindió cuentas.

Las acciones del régimen revelan un cruel desprecio por los pobres. Al tiempo que las protestas de gente desesperada por el hambre son reprimidas con inusitada violencia, líderes chavistas aparecen ebrios en los vídeos de redes sociales encallando sus lujosos yates. Mientras niños recién nacidos mueren por la carencia de medicinas, el Tribunal Supremo leal al Gobierno censura a la Asamblea por haber solicitado asistencia humanitaria internacional. Las autoridades no tienen respuestas para la crisis y su indiferencia al sufrimiento del pueblo es indignante.

Es válido suponer que saquear el país con las mayores reservas de petróleo del mundo debería ser suficiente incluso para la más voraz élite cleptocrática; pero no. El régimen también está profundamente implicado en el narcotráfico. Las agencias antidrogas tienen a decenas de altos cargos del Gobierno venezolano en sus listas de capos de redes de traficantes.

A finales del año pasado, dos sobrinos de la primera dama fueron grabados en Haití ofreciendo cientos de kilos de cocaína a compradores que resultaron ser agentes de la DEA. Los sobrinos están tras las rejas en Nueva York, esperando su juicio. Su tía, la esposa del presidente, ha acusado a Estados Unidos de haberlos secuestrado. Uno pensaría que el mundo ya debería haber perdido la paciencia con estas aberraciones. Y eso ha comenzado a suceder, pero muy tímidamente. La comunidad internacional reitera solemnemente su preocupación por Venezuela, pero estas declaraciones no han tenido consecuencias.

Lo mínimo que podemos hacer para honrar la memoria de los miles de venezolanos asesinados y los millones hambreados es hablar claro: la fachada democrática del chavismo se ha derrumbado; la cruel y ladrona dictadura que solía esconderse tras ella está al descubierto. La izquierda del mundo que se dice progresista no puede seguir callada ante la tragedia de Venezuela. La ideología no puede seguir justificando el silencio cómplice.

Moisés Naím es distinguished fellow de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. Francisco Toro es editor de CaracasChronicles.com

Cómo está Chernobyl 30 años después


El peor accidente nuclear de la historia

Un experimento que salió mal terminó causando miles de muertos por contaminación radioactiva.

Clarin.com Viva17/04/16
 La ciudad abandonada de Pripyat, que había sido creada para albergar a los trabajadores de la central nuclear. Era para la elite de la elite. Aún está abandonada. (EFE)
                                                En 30 años desde el accidente nuclear de Chernobyl, se cayó el comunismo, se disolvió la Unión Soviética y hasta hubo dos revoluciones y una guerra aún latente e inconclusa en Ucrania. En términos de tiempo histórico, parece que el mundo hubiera girado más de la cuenta desde esa madrugada trágica, en la que un grupo de técnicos hicieron estallar el reactor número cuatro de la central eléctrica Vladimir Lenin, a pesar de que se encontraban haciendo una prueba que supuestamente iba a reforzar su seguridad. Pero para el ambiente –el aire, el agua, el suelo más todo lo que habitaba y habitará en él– es como si las agujas del reloj literalmente no se hubieran movido. La contaminación radioactiva tarda miles de años en degradarse. Por eso, tres décadas son nada en cuanto se trata del peor desastre nuclear del mundo.

El antiguo jardín de infantes de Pripyat, con sus cunitas y juguetes abandonadas.
 Muchos niños murieron de cáncer de tiroides, producto de la contaminación radioactiva liberada por la explosión del reactor 4.
Chernobyl aún está presente en las frutas y los hongos del bosque, en la leche y los productos derivados de ella, en la carne y el pescado, en el trigo. Y en la leña que se usa para hacer fuego y en las cenizas que quedan después. O sea, en la salud de todas las personas. Lo responsable –aún hoy– sería ir al mercado con un contador de Geiger, esas maquinitas que hacen un ruido enloquecedor cuando se aproximan a la radioactividad, para saber si los productos que llevarás a tu mesa tienen el grado de seguridad necesario para ser ingeridos. Pero en un país donde el ingreso promedio es de 50 euros mensuales, quién va a querer (o poder) acordarse de que el cesio 137, una sustancia cancerígena que se biomagnifica (se acumula y pasa al siguiente eslabón de la cadena alimentaria), está en el queso. O el yogur. Ojos que no ven, corazón que no siente. Es esa filosofía o vivir con un miedo latente y constante por tu salud y la de tus hijos.

Nunca antes se habían liberado al ambiente en un solo evento una cantidad tan enorme de radioisótopos de larga vida (200 veces más que en Hiroshima), lo que afectó a millones de personas, no sólo en el área perimetral de la planta nuclear, sino también en Europa, desde Escandinavia a Grecia y a España. Cuando la acumulación de hidrógeno hizo estallar la tapa de 2 mil toneladas del reactor, se elevó una columna radioactiva a 9 kilómetros, que luego viajó en la atmósfera sin conocer fronteras. Luego llovió y toda la contaminación nuclear cayó sobre los bosques, los campos y los ríos, esparciendo radioisótopos como manteca en el pan recién tostado. Partículas calientes se desplomaron, por ejemplo, sobre el río Pripyat, un afluente del Dnieper, cuyas aguas atraviesan Kiev. ¿Cómo se limpia eso?

Un nuevo informe de Greenpeace señala que “cerca del reactor, hasta 150.000 kilómetros cuadrados de tierra en Bielorusia, Rusia y Ucrania fueron contaminados a niveles que requirieron la evacuación de gente o la imposición de serias restricciones del uso de la tierra y de la producción de alimentos. Al momento del accidente, más de ocho millones de personas (incluyendo dos millones de niños) estaban viviendo en esas zonas”.

Aunque en Pripyat no puede vivir nadie (ni podrá vivir nadie por miles de años), se ha convertido destino de grafiteros clandestinos. Aquí, un dibujo en aerosol, con una vista privilegiada a la siniestrada planta nuclear.
“Treinta años después de que empezó el desastre de Chernobyl, más de 10 mil kilómetros cuadrados de tierra aún no se pueden usar para la actividad económica y casi cinco millones de personas viven en zonas oficialmente consideradas como contaminadas radioactivamente (1,1 millón en Bielorrusia en 1,6 millón en Rusia y 2,3 millones en Ucrania)”, agrega.

Y, por supuesto, los 30 kilómetros a la redonda de la planta –cuyos otros tres reactores siguieron funcionando escalonadamente hasta el año 2000– hay una zona de exclusión que continuará a perpetuidad. Allí, se encuentra Pripyat, una ciudad moderna, inaugurada en 1970, para la elite que iba a trabajar en la planta nuclear.

Hoy en ruinas y abandonada, Pripyat es sólo destino de fotógrafos, periodistas, grafiteros y también de turistas “nucleares”, que se fascinan con este paraíso socialista esquilmado por el fantasma invisible de la radiación. Esparcidos en la zona de exclusión, quedaron también una docena de ancianos, que no se quisieron ir de allí ni con la amenaza del uso de la fuerza. Además, entran y salen de ella unos 2.500 trabajadores que construyen un enorme domo de color blanco, cuya finalidad es cubrir por un siglo el famoso sarcófago que se instaló sobre el reactor siniestrado para contener su núcleo. El sarcófago, instalado siete meses después del accidente, fue lo que salvó al resto de Europa de ser inhabitable, pero ya ha dado signos de estrés.

En el área abandonada, a la que sólo se puede acceder atravesando controles militares, hay otro riesgo enorme: sus bosques. La radioactividad parece haber barrido las bacterias que descomponen la materia vegetal muerta, lo cual la hace suceptible a incendios forestales, que de producirse, podría provocar la dispersión de material radioactivo que allí yace, como cesio 137 y estroncio 90 a grandes zonas, ya que estos viajan a través del humo y las cenizas.

Esta estructura reemplazará al viejo sarcófago construido siete meses después de la tragedia, para resguardar la tumba radioactiva en que se convirtió el reactor nuclear. Durará unos 100 años. (EFE)

La “energía nuclear es la forma más cara y peligrosa de hacer hervir agua”, dice Juan Carlos Villalonga, hoy diputado por el partido Verde. Al tema de la seguridad del funcionamiento de las plantas, se le agrega además el del control de los desechos radioactivos para que no caiga en manos de terroristas como el ISIS. Por eso, se acaba de realizar una cumbre de los países nucleares en Washington, agrega. Hoy, hay en funcionamiento unas 400 plantas atómicas en el mundo, la mayoría de ellas viejas, como nuestra propia central de Embalse, cuyo negocio es hacerlas reparar.

Esta es la vuelta al mundo de un parque de diversiones que nunca se llegó a inaugurar porque la explosión del reactor sucedió unos días antes. Ahora, es el emblema del desastre de Chernobyl.
Chernobyl, sin embargo, fue un antes y un después de la industria, que venía creciendo exponencialmente en los años 60 y 70, la época dorada del átomo. Pero el año 1986 fue literalmente un punto de inflexión: después del 26 de abril, el día del accidente, se planchó su crecimiento. Y Fukushima, que ocurrió hace cinco años luego de un tsunami, le dio un tiro de gracia. Alemania, por ejemplo, desactivará todas sus plantas en 2022. Hoy, sólo Rusia y China financian la expansión de la industria nuclear y ningún organismo multilateral otorga crédito con ese fin (por eso, Julio de Vido, y luego Mauricio Macri, utilizan acuerdos bilaterales con Beijing para hacer hasta tres plantas). Y aunque este tipo de tecnología no emite gases de efecto invernadero, no es considerada como energía limpia por los diversos acuerdos para combatir el cambio climático, recuerda Villalonga. Y esto es por Chernobyl y la magnitud que tuvo.

Un niño con leucemia. Esto es lo que produce un desastre nuclear. (AP)

Nunca sabremos a ciencia cierta cuál fue el número de muertos. ¿Quién iba a llevar estadísticas serias en la Unión Soviética, un país que estalló casi como la planta nuclear? Unos 800 mil voluntarios –denominados literalmente los liquidadores– fueron llamados desde todo el enorme territorio de lo que entonces era una única nación para limpiar y contener el monstruo en que se había convertido el reactor 4. Cuántos se enfermaron de cáncer, cuántos murieron prematuramente, será imposible de determinar. Y a esto hay que sumarle el número constante de “refugiados nucleares”, a los que les dijeron que tenían que evacuar Pripyat por dos o tres días y nunca más pudieron volver.

La sala de control del reactor: donde se gestó el desastre (AP)
Los isótopos radioactivos se dispersan de manera caprichosa y desigual. Por ejemplo,  Anatoli Diátlov, el ingeniero nuclear que dio todas las estúpidas y arbitrarias órdenes que condujeron al estallido del reactor, nunca se enfermó de nada. Se murió de un paro cardíaco en 1995. Había sido sentenciado a 10 años de trabajos forzados, aunque cumplió solamente cuatro de la condena. Pero para otros, el sufrimiento fue literalmente atroz. Entre ellos, están los heroicos bomberos que acudieron a apagar el incendio, a los que se les cayó la piel a los 10 minutos de exposición. Pero hay más víctimas. Niños que no habían nacido entonces y los que todavía están por nacer. Sufrirán de enfermedades por los efectos persistentes de Chernobyl en el tiempo. Para ellos, no habrá arrepentimiento que valga. Ni sentencia que pueda hacer justicia.

Franco aún es motivo de divisiones



                                                       La decisión de la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, de retirar monumentos de la dictadura en las calles generó un escándalo político; tras las críticas frenó la aplicación de una polémica ley
SEGUIR Martín Rodríguez Yebra LA NACION BS. AS. SÁBADO 06 DE FEBRERO DE 2016.
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EL BLOG OPINA
                                Todo gobernante en España debería ocuparse de gobernar con la mayor amplitud, oficio y pluralidad posible, y dejar la HISTORIA para los historiadores, --que en España, no faltan. Todo ya fue escrito y todavía se seguirá escribiendo hasta la saciedad, así de sencillo-. La política española tiene suficientes cultores que todavía discuten sobre el efímero “reinado de Pepe Botella” y de eso pasaron más de dos siglos; el franquismo estuvo vigente hasta “ayer a la tarde”. Suficiente trabajo tiene una alcaldesa de una sociedad tan compleja, con tanta diversidad como la madrileña. Un buen político sabe que una alcaldía de ese calibre es ante todo  comenzar por el principio: remangarse la camisa y ponerse a trabajar.

MADRID.- Hay heridas que el tiempo no cicatriza. Como en un bucle sin fin, España reflotó estos días la discusión sobre su pasado traumático cuando la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ordenó retirar monumentos levantados por el franquismo para exaltar su victoria en la Guerra Civil.

Carmena se propuso eliminar de las calles de la capital los símbolos de la dictadura, todavía presentes en innumerables nombres de calles, placas en homenaje a los caídos a manos de los republicanos, estatuas de cabecillas del régimen y gigantescas edificaciones celebratorias. Pero apenas tres días después de empezar la tarea decidió frenarla ante la magnitud del escándalo político que se desató.


El Partido Popular (PP) y el Episcopado encabezaron la reacción contra la medida, que incluyó la amenaza de denunciar a la alcaldesa ante la justicia penal por haber tocado bienes listados desde hace años como patrimonio histórico. La disputa retrata lo incómodo que resulta aún para la sociedad española lidiar con las divisiones sociales que arrastra desde el conflicto bélico. Aunque hayan pasado casi 80 años del golpe militar que lo inició y más de 40 desde la muerte de Francisco Franco, que abrió la puerta a la democracia.

Carmena, ex jueza y activista de derechos humanos que ganó la alcaldía en alianza con Podemos, argumenta que debe cumplir con la ley de memoria histórica, de 2010, en la que se promueve la remoción de elementos reivindicativos de los bandos que se enfrentaron en la Guerra Civil (1936-1939) y de la dictadura posterior.


Sus detractores la acusan de extralimitarse. Se amparan en un "error" que aceptó la alcaldesa: haber quitado del cementerio parroquial del barrio de Carabanchel una placa en homenaje a ocho sacerdotes carmelitas fusilados por las milicias republicanas en agosto de 1936 y beatificados hace dos años por el papa Francisco.

"Nos preocupa esta medida. Es indudable la exclusiva condición de víctimas de los carmelitas, pacíficos testigos de la reconciliación a la que todos debemos contribuir", se quejó el obispo de Madrid, Carlos Osoro.


La placa se retiró el lunes y fue restituida el miércoles. Para entonces, el PP ya había iniciado los trámites para denunciar a Carmela por prevaricación.

Los liberales de Ciudadanos e incluso los socialistas criticaron a Carmena por actuar sin pedir autorización ni debatir caso por caso las intervenciones.

Carmena también irritó a sus opositores con el anuncio de que se retirarían dos lápidas en honor a José Calvo Sotelo, un líder político de derecha asesinado en Madrid días antes del inicio de la Guerra Civil.

El debate por los homenajes franquistas consumió decenas de discusiones en el Ayuntamiento desde la llegada de Carmena. Queda pendiente qué hacer con las calles que mantienen nombres de generales de la dictadura, dirigentes del falangismo (el fascismo español) y hasta de un batallón que peleó a las órdenes de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, la División Azul.

El gobierno regional de Madrid, en manos del PP, se enfrentó a la alcaldesa. "Hay bienes que forman parte de nuestra historia y nos ayudan a entender nuestra identidad", sostiene Paloma Sobrini, directora de Patrimonio Cultural de esa administración. Entre los bienes sostenidos por el Estado, fuera del alcance del municipio capitalino, figura nada menos que el Valle de los Caídos, el fastuoso monumento donde están enterrados los restos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange.


Carmena frenó el retiro de símbolos y anunció que elaborará un marco normativo que regule la aplicación de la ley. Tres días de amarga discusión, amenazas de juicio y tormenta política fueron suficientes para convencerla de que hay temas que es mejor no agitar demasiado.

Las formas de comer y sus lugares

Gauchos argentinos departiendo y tomando mate, la tradicional infusión sureña

Autor: Carlos Moreno *

En el asador había dos asadores con sendos costillares de oveja. Uno a uno iban entrando los huéspedes y las personas de la casa. Nosotros nos sentamos cerca del fuego sobre unos troncos de madera para observar como preparaban la comida. La mujer cortó dos partes un zapallo muy grande, colocando las mitades boca abajo sobre las cenizas calientes, asándolas con mucha precaución… Cuando todo estuvo listo sacamos los cuchillos y atacamos el asado y el zapallo con mucho apetito…Después de comer tomamos mate bebido, tan necesario a esta gente como el te a los ingleses.
Hoy en día las carnicerías de las estancias, salvo excepciones, están en desuso. Lo mismo ha ocurrido con otros elementos como el horno para pan. Es raro encontrar hoy en una estancia, un lugar donde éste se hornee. En 1872 en la Sociedad Pastoril, encontramos casi un horno por puesto. Actualmente el pan se compra en el pueblo, o pasa un repartidor la galleta, para lo cual se deja la bolsa en la tranquera. Vemos entonces como la alimentación fue modificándose junto con los cambios de las costumbres y la facilidad de las comunicaciones, la simplicidad inicial del asado dio lugar a una dieta más integral.
Paulatinamente va desapareciendo el fuego abierto que, con sus asadores, congregaba a los hombres a sentarse a su alrededor, sobre simples cráneos de vaca, mateando y charlando. No se come alrededor del fuego, con ese sentido  casi mágico que tiene. Se usan la mesa, los bancos para sentarse, los  platos, las cucharas, las ollas, el equipo necesario para una comida ordenada, donde la disciplina son un aspecto y una expresión importante de los cambios en la vida rural. La dieta cambia volviéndose más completa racional y económica, pero con esto cambian también las formas. Los gauchos con su facón como único utensillo, dejan paso a los  peones con su cuchara de latón.
Entre tanto se ha consolidado la cocina de peones. (En la provincia ya no se habla de “Materas”, sino de cocina de peones hasta entrado el siglo XX. La cocina era el lugar de convocatoria de la estancia.
Una cocina con el fuego central con los lugares para sentarse alrededor todavía se puede ver en la estancia La Noria (1890-1900). En la estancias, cuando más se apreciaba la cálida cocina era en los tiempos de lluvia y frío… En el centro de la cocina se levantaba el mentado fogón que tanto acariciaban nuestros paisanos, a su alrededor se secaban las ropas mojadas, los hombres que regresaban a las casas después de las recorridas en tiempos de temporales, cuando el agua calaba hasta los huesos, allí formaban las prolongadas tertlias, donde agotaban muchas pavas de agua cebando cimarrones.
Rolando Urruti en sus recuerdos de infancia, rememoraba los tiempos de Rolando Urruti en sus recuerdos de infancia, rememoraba los tiempos de su permanencia en la estancia La Noria.
“Las comidas en la estancia se organizaban de dos formas, una en la cocina y comedor que estaba al lado de la casa principal donde la cocinera preparaba grandes fuentes o soperas con pucheros al medio día y guisos de arroz a la noche. O  unos ricos estofados con papas y carne; y se llamaba al personal con una sirena. En la estancia se producían muchos de los alimentos para el consumo. El quintero estaba a cargo de la huerta y trabajaba Adolfo Yacudón (o algo así), un hombre lituano que tenía a su cargo la cría de gallinas y los chanchos con los que se hacía la factura. En la estancia había un peón que le llamábamos e “Correo”, y su tarea era ir al pueblo con los encargos, y traía la galleta y la mercadería en una volanta con dos caballos. Para ese servicio se acomodaban dos mudas de caballos. También venía de una vez en cuando un vendedor ambulante, el turco Jorge, que le  llamábamos “Diente de Oro” traía la mercadería en una jardinera y la vendía al fiado. En la carnicería se carneaba (c.1940) una oveja todos los días y una vaca por semana. Elsótano estaba lleno de facturas de chancho que había preparado “el poyero”.
La cocina de peones o matera la usaban los peones de la estancia para tomar mate que se encontraban según su trabajo; el primero que llegaba la encendía, generalmente el que tenía que recorrer el campo, el fuego y calentaba el agua en una pava grande y cada peón tenía su mate. La yerba era provista por la estancia.
Los muchos “peones golondrinas” cmian en la matera y ellos mismos se preparaban la comida con los alimentos que le proporcionaba la estancia, generalmente carne oveja.
Otro tipo de gente eran los “crotos” que iban en busca de trabajo, generalmente alguna changa, y también estaban los linyeras que eran toda una filosofía de vida.
A ellos también se los proveía de galleta, carne y yerba, la hospitalidad era una regla de la época.”

·     * Carlos Moreno (arquitecto UBA 1967) trabaja en la actividad profesional en arquitectura y preservación del patrimonio. Autor de numerosos libros con imágines de su autoría. Es docente e investigador. Ha participado en diferentes congresos y jornadas y ha asesorado a Municipios y Gobernaciones de Provincias.

·      1.- Mac Cann, Williams, Viaje por las provincias argentinas, Ed.Solar-Hachette, Bs. As. 1969


·      Fuente: “Crónicas Bonaerenses”, compilador Antonio Nilo Pelegrino, tomo 1. Lulemar Ediciones. E-mail: lulemarediciones@lulemarediciones.com-a 

¡DUELE EN EL ALMA! “El Curriculum del chofer”, por Cesar Miguel Rondón



     
   
DolarToday / Nov 9, 2015 @ 6:00 pm

                              El pasado viernes fui con mi hija María Bárbara a Valencia, a la Feria Internacional del libro de La Universidad de Carabobo (Filuc). El motivo del viaje era que Bárbara iba a presentar, en el marco de la Feria, su libro “Soy Bárbara, soy especial”, de manera que para mí esta visita a la Filuc estaba cargada de orgullo y emoción. La editorial Planeta, que edita a Bárbara, nos envió un carro con un chofer para que nos trasladase a Valencia.
Cuando bajamos de casa, el chofer, un hombre alrededor de los 50 años, alto, espigado, de lentes y con incipiente calvicie, sale del carro y nos saluda. ¿Cómo está señor Rondón? Mucho gusto, le digo yo. Y reparo en que estaba leyendo un libro voluminoso con un titulo increíble: “La guitarra rasgada del siglo XVII”. ¿Qué clase de chofer lee un libro como este?
Se me presenta y me dice que él es musicólogo. ¡Ah qué bien! Vamos a  tener una buena conversación durante el viaje. Pero el detalle estuvo en que me obsequió, de inmediato, sabiendo que me llevaría a Valencia, un libro de su autoría, generosamente dedicado y firmado: “50 años de musicografía caraqueña 1870-1920”. Editado por la Universidad Central de Venezuela. Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. Firmado por Hugo Quintana.
Hugo Quintana fue mi chofer a Valencia.
En la solapa de su libro aparece su curriculum:
Hugo J. Quintana M.
Profesor en Ciencias Sociales. Mención Historia. UPEL. Magister de Historia de Venezuela en la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Humanidades en la Universidad Central de Venezuela. Realizó sus estudios musicales en los conservatorios en la capital del país donde egresó como ejecutante en guitarra clásica y director coral. Ha realizado una amplia labor docente en materias afines a su formación, tanto en conservatorios como en institutos de educación superior. Es profesor investigador de la Universidad Central de Venezuela. Además se ha desempeñado como Jefe del Departamento de Música. Coordinador de la Maestría de Musicología latinoamericana. Director de la Escuela de Artes y representante profesoral principal ante el Consejo de la Facultad de Humanidades y Educación. Actualmente es Coordinador de la extensión de la misma Facultad. Fue miembro de la Junta Directica de Fundes y Cofundador y Director de la revista de la Sociedad Venezolana de Musicología. Ha participado como ponente en diversos congresos musicológicos nacionales e internacionales. Y es autor de un importante número de artículos que buscan reconstruir la memoria musical del país.
Premio Municipal de Música 2009. Mención de Honor. 2010 Edición del Bicentenario. Premio de Investigación de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela 2010.
Ese es un curriculum como para estar legítimamente orgulloso. Y Hugo Quintana puede estar muy orgulloso de lo que ha logrado en su corta vida. Pero a mí me da mucha vergüenza, inmensa vergüenza como venezolano, que un hombre con este curriculum haya sido mi chofer de Caracas a Valencia. Porque, según confesó Hugo, con una par de carreras como esas, hacía bastante más de lo que él gana para vivir siendo un académico de Venezuela.
Un país en el que ocurre esto es un país lamentable, un país que da vergüenza y tristeza. Y es bueno que lo sepan los culpables que nos llevaron a tan penosa situación.

cesarmiguelrondon.com / Cesar Miguel Rondón

La herencia de Ingmar Bergman




EL BLOG OPINA

                 Poco tenemos que opinar de este rara avis de la especie humana que ya no se ha dicho en más de sesenta años de actividad artística. Sin lugar a dudas fue Bergman una personalidad sobresaliente aunque hasta el día de hoy de difícil diagnostico, hasta para los entendidos o calificados especialistas; para aquellos que por sus conocimientos se les oye o se les lee con interés.  Nos referimos a los que poseen la capacidad crítica necesaria para descubrir, soslayar, intuír a un artista excepcional, con demasiadas aristas aún por advertir. No podemos dejar en el tintero aquel viejo refrán que lo enaltece e identifica sobradamente: "Genio y figura hasta la sepultura". Ingmar Bergman estaba hecho del mismo molde de que están hechos los grandes, aquellos que no pasan inadvertidos porque guardan relación sus existencias con los propósitos de la vida. Inapreciables individualidades que han sido creadas para que la existencia siga su curso y propicie la natural evolución de sus designios.Sin embargo nada de ello viene gratis y nuestro protagonista no fue la excepción. En la década de los 50 había en el mundo entero muy pocos quienes supieran escribir sobre Bergman con algún acierto en las crónicas de cine de importantes medios informativos. Muchos críticos luego de ver “Un verano con Mónica” la primera película con alguna importancia comercial, les costó opinar sobre una de las tomas protagonizada por Harriet Andersson, por el contenido erótico mostrado para la época y en general en la producción del film. De igual forma, difícil fue determinar si había buen gusto o no, en la calidad cinematográfica de la cinta. Por ello demoraron la entrega de sus comentarios a las redacciones, por el simple temor a meter la pata. Muchos de ellos, en su incapacidad no se animaban ni a escribir una letra hasta leer a colegas supuestamente más calificados.
 Lo cierto es que estábamos en presencia del advenimiento de uno de los principales genios del Séptimo Arte. Bergman no solo estaba  empezando a hacer cine de primera magnitud, sino que lo estaba "inventando" desde otra perspectiva, inmensamente genial y desconocida hasta entonces. JY.   
  


Dos puntas tiene el camino
 Lilian Fernández Hall

El genial cineasta sueco Ingmar Bergman fue, sin lugar a dudas, un alma atormentada. Hijo de un pastor luterano, creció rodeado de símbolos religiosos y fue inducido desde niño a las lecturas bíblicas, lo que seguramente influyó en su constante necesidad de explorar el laberinto de las pasiones humanas. Como creador, supo plasmar estas inquietudes en sus películas, dando vida a obras que ya se consideran clásicas. Películas como Persona, Gritos y susurros, La fuente de la doncella, El séptimo sello y Fanny y Alexander son reconocidas películas de culto en todo el mundo.

A pesar de haber tratado con maestría el tema del desgaste emocional que la institución del matrimonio significa para muchas personas (“Escenas de la vida conyugal”), Ingmar Bergman no dudó en casarse. Y no una vez, sino cinco. Mantuvo además otras dos largas relaciones amorosas que no se formalizaron en matrimonio. Producto de estas relaciones fueron sus nueve hijos, engendrados con seis mujeres diferentes.1

Contrariamente a su imagen profesional de genio atormentado, en su vida privada gustaba Bergman de asumir el rol de padre de familia, y con frecuencia reunía a todo su clan en reuniones celebradas en su casa de la isla de Fårö, en el distrito de Gotland. Esposa y ex esposas, hijos, nueras, yernos y nietos, de varias edades y procedencias, compartían festividades, cumpleaños y navidades en una a todas luces envidiable armonía.

Fårö, una idílica isla de playas blancas de arena caliza, fue el refugio que el artista necesitó para concentrarse en la creación y sentirse en armonía con la naturaleza. Allí se estableció Bergman desde finales de los años ‘60 y allí construyó lo que él sentiría como su hogar. Varios detalles harían de su casa un lugar único: un hogar a leña diseñado por él mismo, una biblioteca de 6.000 volúmenes, una sala de proyecciones, un cuarto de meditación, etc. De a poco fueron surgiendo otras viviendas más pequeñas alrededor de la vivienda principal, las cuales serían utilizadas como refugio para escribir o para recibir a la familia y otros invitados. Finalmente, formaron lo que se llamó la Villa Bergman, que cuenta con cinco viviendas dispersas en una extensión de aproximadamente 34 mil hectáreas.


                           Fårö Un genio solitario

Ingmar Bergman detestaba la publicidad, y a medida de que pasaban los años se retraía más y más del “ruido” exterior. Los escasos vecinos de Fårö respetaban ciegamente la voluntad del artista, y se encargaban de despistar a los turistas que de vez en cuando llegaban a la isla con la esperanza de gozar, al menos, de una fugaz visión del genial cineasta. Para desilusión de los visitantes, pocas veces se cristalizaban estos deseos.

Bergman fue activo en su profesión hasta una edad muy avanzada y en sus últimos años colaboró con relativa asiduidad con el Teatro Real de Suecia, poniendo en escena varias piezas, muchas veces versiones teatralizadas de sus películas anteriores. Ingmar Bergman falleció el 30 de julio del 2007 (el mismo día que el cineasta italiano Michelangelo Antonioni), a los 89 años de edad.

Como corresponde a un artista y pensador que constantemente merodeaba el tema de la muerte, Bergman tuvo siempre muy presente la suya propia. Ya en el año 1995, el cineasta sueco escribió su testamento, legalmente certificado por dos testigos: toda su herencia: sus propiedades, sus muebles y objetos privados, los archivos con todo el material cinematográfico; todo debería subastarse al mejor postor. El dinero acumulado se repartiría luego, por partes iguales, entre sus nueve hijos. Como él mismo lo expresaría, “sin peleas, sin discusiones, sin sentimentalismos”. Nada para sus ex mujeres, sus demás familiares, ni para los amigos. Todo debería venderse y pasar sin intermediarios a manos de los hijos.

Quien sea dado a la especulación podría sospechar una cierta sonrisa burlona desde el cielo de los cineastas. Con nueve hijos de seis diferentes madres, esto no significaba en absoluto una sucesión sin conflictos. Nueve adultos con diferentes opiniones e intereses. ¿Qué se haría de la herencia de Bergman? ¿Sería realmente cuerdo dispersar los objetos, que por sólo pertenecer al artista gozaban de un valor excepcional? La biblioteca, el archivo de películas, las propiedades, ¿todo a manos del mejor postor? Las opiniones eran diversas y el debate no tardó en ocupar las primeras planas de los periódicos.


             Linn Ullmann El sueño empieza a cobrar forma

La escritora noruega Linn Ullmann, hija menor de Ingmar Bergman, fue la primera en hacer pública la idea de su padre de fundar un centro de creación artística y literaria en la isla de Fårö. El mismo Bergman soñaba con convertir su vivienda y las demás instalaciones de su propiedad en una suerte de punto de encuentro de cineastas, músicos, fotógrafos, actores y escritores; donde pudieran originarse proyectos, ideas, manuscritos y todo tipo de expresión creadora. Muchos allegados al cineasta confirmaron esta visión que, sin embargo, nunca pasó de ser una expresión de deseos durante la vida de Bergman. Luego de su muerte, las discusiones entre los hermanos fueron siempre amistosas, pero con tantas voluntades apuntando hacia distintos proyectos e ideas, no hubo manera de ponerse de acuerdo.

Linn Ullmann se empeñó en luchar para que lo que su padre había construido en Fårö no se dispersara en manos de coleccionistas excéntricos. Ella misma vendió su lujosa mansión en Oslo para tener un capital con el cual salvar algunas de las “reliquias” de su padre, pero entendió en seguida que sería imposible. Las pertenencias del director sueco irían a remate a través de las casas de subastas más prestigiosas de Suecia y de toda Europa. La publicidad a través de los medios elevarían los precios a niveles inimaginables. En un último intento desesperado, Ullmann escribió un largo artículo en un periódico noruego, donde proponía una fundación siguiendo el espíritu que su padre había imaginado. Un centro cultural sin fines de lucro que diera apoyo y refugio a escritores, artistas, músicos y creadores de todas partes del mundo. Los planes estaban listos, lo único que faltaba era quien financiara los sueños.

Pasó un tiempo y no se habló más de la fundación. Bukowskis, la casa de remates de antigüedades y objetos de arte de más prestigio de Suecia se encargó de la subasta de los efectos personales del cineasta (336 objetos: muebles, libros, archivos de películas y todo tipo de objetos), mientras que las inmobiliarias Residence de Estocolmo y Christie’s de Londres se ocuparon de la venta de las propiedades. El 28 de septiembre de 2009 se realizó la subasta de Bukowskis, abierta a todo público, la cual atrajo a una multitud de interesados con reales posibilidades de adquisición, más un sinnúmero de curiosos. Periodistas de todo el mundo siguieron las ofertas. Uno tras otro fueron desapareciendo, bajo el martillo del rematador, los objetos más preciados del director sueco: los seis mil volúmenes de su biblioteca, el escritorio firmado por el prestigioso diseñador de muebles sueco Carl Malmsten, el viejo sillón de cuero de Charles y Ray Eames, la legendaria mesita de luz de madera barnizada de blanco, donde el cineasta solía escribir, al despertar, el producto de sus sueños; el tablero y las piezas de ajedrez con que la Muerte juega una partida con Antonius Block en El séptimo sello e infinidad de objetos que, al haber pertenecido al cineasta, doblaron el precio de mercado. Las personas que realizaban las ofertas eran, como es usual en las subastas de arte o de objetos muy valiosos, enviados especiales de empresas o acaudalados especulantes. La pregunta que todos se hacían era: ¿en manos de quién o quiénes quedaría el patrimonio cultural bergmaniano?

El gobierno sueco, fiel a sus principios, había aclarado desde un principio que no ofertaría dinero de los contribuyentes en la subasta, decisión que fue muy criticada por muchos sectores culturales del país. En un período de crisis económica global, no surgía tampoco ningún donante dispuesto a aportar los medios necesarios para que la herencia cultural del cineasta permaneciera en Suecia. La comuna de Gotland registró una fundación con el propósito de recaudar fondos, pero muy pronto se dieron cuenta de que era imposible recolectar las sumas necesarias para la compra de no sólo los objetos pertenecientes al director, sino sobre todo las propiedades. Como último intento desesperado, la fundación publicó anuncios en diversas revistas de cine de los Estados Unidos, para interesar al mundo de Hollywood. Todo sin resultado.


                   Hans Gude Gudesen El mesías noruego

Cuando ya todo parecía perdido y la opinión pública sueca lamentaba la dispersión del patrimonio cultural bergmaniano, llegó la noticia insólita e inesperada. El millonario noruego Hans Gude Gudesen había financiado la compra de las pertenencias de Ingmar Bergman y tenía también la intención de adquirir las propiedades en Gotland, para hacer realidad el sueño del cineasta. El artículo de Linn Ullmann en el periódico noruego había conmovido profundamente al excéntrico millonario, quien inmediatamente partió de incógnito a Fårö y quedó deslumbrado por la atmósfera mágica de la bella isla, en la costa este de Suecia. Unos meses después, se concretaría la venta de las propiedades a la fundación que Gudesen crearía, y que quedaría en manos de Linn Ullmann y una serie de personas allegadas al cineasta.

De un día para otro, el interés público por la figura del noruego se hizo enorme. Hans Gude Gudesen, de 59 años, es arqueólogo de profesión pero ha amasado una fortuna en el campo de la informática. Gudesen es conocido como empresario e innovador, y es dueño y fundador de Opticom, una empresa que se especializa en innovaciones en las posibilidades de almacenar información. Gudesen es conocido como un empresario serio e idealista, más interesado en el progreso tecnológico en sí que en la fortuna que su trabajo le ha deparado. No suele dar entrevistas, y vive relativamente aislado en la ciudad de Fredrikstad, a orillas del fiordo de Oslo.

Tanto la casa de subastas Bukowskis como las de ventas de propiedades estaban al tanto de las intenciones del millonario noruego, quien permaneció anónimo durante el remate y dejó que cuatro representantes ofertaran, para evitar la publicidad. Gudesen no quería dar a conocer sus planes hasta que las propiedades no estuvieran definitivamente en manos de la planeada fundación. Ninguno de los objetos o las propiedades adquiridas por el millonario noruego pasarán a ser su propiedad privada, sino que fueron adquiridas a nombre de la Fundación Villas Bergman en Fårö (The Ingmar Bergman Estate on Fårø, como es el nombre oficial en inglés) que tendrá como directora a la política sueca Inger Harlevi, presidenta de la comisión cultural de la comuna de Gotland, quien desde un principio apoyó activamente el proyecto de Linn Ullmann.

Durante el invierno europeo (enero-abril), las propiedades serán puestas en condiciones, y a partir de la primavera se iniciará la mudanza de objetos y la reconstrucción de ambientes, basados en fotografías y recuerdos de los allegados a la familia. Para el verano, la directora de la fundación espera inaugurar el centro, dando a conocer el nombre de los estipendiados y las actividades a realizarse.

El precio por hacer realidad el sueño de Bergman no se ha hecho público, pero se calcula que, entre los objetos pertenecientes al artista y las propiedades, Gudesen ha invertido cerca de diez millones de dólares. Los seguidores de Bergman en Suecia y en el mundo entero pueden agradecerle a un acaudalado idealista noruego que el patrimonio cultural del genial cineasta se mantenga vivo y que su sueño, lentamente, se convierta en realidad.

Nota

Los nueve hijos de Ingmar Bergman (IB) son: Lena Bergman (63 años, actriz, hija de IB y la coreógrafa Else Fisher), Eva Bergman (62 años, directora de teatro y televisión, casada con el conocido novelista Henning Mankell, hija de IB y la bailarina, coreógrafa y directora de teatro Ellen Hollender), Jan Bergman (fallecido en el 2000 a los 53 años, director de teatro, hijo de IB y Ellen Hollender, lo suceden sus dos hijos como herederos), los mellizos Anna y Mats Bergman (59 años, ambos actores, hijos de IB y Ellen Hollender), Ingmar Bergman jr. (56 años, piloto, hijo de IB y la traductora y doctora en filosofía Gunvor Hagberg), Maria von Rosen (48 años, escritora, hija de IB e Ingrid Karlebo von Rosen), Daniel Bergman (45 años, director de cine, hijo de IB y la pianista Käbi Laretei) y Linn Ullmann (41 años, escritora, hija de IB y la actriz Liv Ullmann).

Reseña del autor
Lilian Fernández Hall

Nació en Buenos Aires, Argentina. Estudió Letras en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata. Colaboró en la revista literaria El Molino de Pimienta y en otras publicaciones argentinas, como Crisis, en la época de Vicente Zito Lema. En la actualidad vive en Estocolmo, donde trabaja en una biblioteca pública especializada en literaturas extranjeras. Es traductora pública (sueco-español). Corresponsal en Suecia de El Diario de Hoy, de El Salvador. Colabora en diversas publicaciones, impresas y digitales. Coordina un círculo de lecturas en español en el Instituto Cervantes de Estocolmo.

Trailer "Un Verano con Mónica"  (www.youtube.com/watch?v=gYBf9ZPdizY) 

Rafaél Bolívar Coronado, el escritor de los 600 seudónimos


Juan Yáñez

                    Imposible no recordar a este personaje pintoresco en esta fecha en que se cumplen 130 años de su nacimiento.
Rafael Bolívar Coronado sorprende con suficientes razones para ser incluido en la historia anecdótica venezolana. Su mayor atención radica en ser el autor de la letra de “Alma Llanera”, el conocido y apreciado joropo que para muchos venezolanos, cuando lo oyen lejos de la patria, acongoja el espíritu hasta las lágrimas y es considerado el himno nacional extraoficial de Venezuela.
Rafael Bolívar Coronado, Había nacido en Villa de Cura, estado Aragua, el 6 de junio de 1884 y con firme aptitud literaria se dedico desde temprana edad a la escritura. La poesía, la narrativa y el ensayo tuvieron merecido reconocimiento en Caracas al publicársele en 1912 sus notas en  la revista El Cojo Ilustrado y en los diarios El Universal y El Nuevo Diario.
En 1916, llega a oídos de Juan Vicente Gómez,  “Alma Llanera”, pieza musical que forma parte de una zarzuela homónima compuesta por Pedro Elías Gutierrez que fuera estrenada 1914 y decide premiar al autor de la letra. Es entonces que Bolívar Coronado  parte en 1916, hacia España becado por el “Ilustrísimo”.
Es en la madre patria donde da comienzo el caos literario y existencial de nuestro personaje. Escribe y publica lo propio, pero emplea para ello seudónimos, con los cuales otorga autoría a importantes escritores venezolanos y como legítimos los vende a las editoriales.
Hasta a Rufino Blanco Bombona, quien se dedicaba en Europa al negocio editorial, engaña Bolívar Coronado, al venderle, obras de su pluma, que atribuye a Rafaél María Baralt y a Agustín Codazzi. 
Innumerables son estas disparidades de este escritor, que sin duda atribuibles  a trastornos de personalidad que malograron su vocación.   
Muere en Barcelona el 31 de enero de 1924, víctima de una epidemia de gripe.

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Rafael Bolívar Coronado, un personaje como pocos  CORREO DEL CARONÍ CIUDAD GUAYANA 07.06.2013  Rafael Marrón González
Un hombre con más de 600 nombres
                                     El escritor Rafael Ramón Castellanos en su libro “Un hombre con más de seiscientos nombres”, realiza un trabajo de investigación sobre los seudónimos literarios de Bolívar Coronado así como sobre las obras propias que atribuyó apócrifamente a escritores verdaderos de su tiempo, como Diego Albéniz de la Cerrada, Rafael María Baralt, Luis Felipe Blanco Meaño, Agustín Codazzi, Daniel Mendoza, Mateo Montalvo de Jarana, Juan de Ocampo, F. Salcedo y Ordóñez, fray Nemesio de la Concepción Zapata, L. Zamudio Bailivián, Arturo Uslar Pietri, entre otros.

Para quitarle las telarañas a las muelas

En el capítulo correspondiente a “Intimidades de Bolívar Coronado”, Castellanos publica una correspondencia que éste le envía al crítico español Julio Cejador Frauca: “He ganado aquí unos 180 duros, haciéndole cuentos para niños a (la Editorial) Sopena y dos antologías de poetas ecuatorianos y bolivianos a Maucci. Estas antologías las hice en poco menos de veinte días; ¡considere usted cómo habrán quedado! Mas, estos horrendos pecados me los absolverá usted al evocar el principio alemán cuando el brusco levantamiento de Bélgica: la necesidad carece de ley. Y más si se entera usted que yo carecía de todo. También recordará usted al gran López que en horas veinticuatro, hacía comedias malas para el teatro. (...) Que mucho pues, que yo comido de hambre, eche mano a las antologías y le quite las telarañas a las muelas”.

Su obra literaria fue extensa

Además de la zarzuela Alma Llanera, fue autor de María del Rosario (1915), Letras españolas (primera mitad del siglo XIX) (1918), La gran Florida (1918), Los Chapas (Río de la Plata y Paraguay) (1918), Los desiertos de Achaguas, Llanos de Venezuela (1918), Los caciques heroicos: Paramaiboa, Guaicaipuro, Yaracuy, Nicaroguán (1918), El Llanero: estudio de sociología venezolana (1919), Memorias de un semibárbaro (1919), Nueva Umbría: conquista y colonización de este reino en 1518, Misiones de Rosa Blanca y San Juan de las Galdonas en 1656 (1919), Parnaso boliviano (1919) y Parnaso costarricense (1921), entre otras muchas.
La mujer de Bolívar Coronado narra la vida del escritor
Doña María Noguera, en carta del 3 de febrero de 1983, anota: “Llenaba y llenaba cuartillas como tentado por una enfermedad. Cuando estaba en ese trance no era posible importunarle porque explotaba su humor. Le hablaba y como que no oía. Solamente lo sacaba de sus profundidades golpeándole suavemente sobre los hombros y se enojaba, aunque la molestia significaba recordarle que había pasado ocho o diez horas sin ingerir alimento y sin moverse de la pequeña mesa escritorio.

De la prensa vivía

“Era frecuente que escribiese hasta cinco artículos por día. Los enviaba a los periódicos. La Vanguardia, El Día Gráfico, Diario de Comercio, El Diluvio, para la edición de El Sol de Madrid dedicada a Aragón y Cataluña; El Comercio Catalán, El Tiempo de Alicante, El Noticiero Universal y La Publicidad. No se preocupaba por saber si aparecían. De los pocos duros que deparaba este trabajo me ocupaba yo, pues él estaba distanciado del administrador de El Diluvio todo el tiempo y en los demás periódicos y revistas yo era su otro yo, aunque un empleado del Consulado de Venezuela me acosaba, me seguía y hasta me llevó ante el Comisario de Policía acusándome de terrorista, pero no le creyeron, supongo, porque al atardecer me dejaron libre. A él sí le habían levantado un expediente por anarquista peligroso.

Seis artículos en una mañana

“Una mañana escribió seis artículos sobre el amor y los calzó con nombres diferentes. No había día que no inventase un nuevo nombre. Creo que con un solo nombre de esos que creaba apenas escribía uno, dos o tres artículos. Pues bien, esos seis artículos sobre el amor les puso como autores a personajes que él creó trasponiendo las letras de mi nombre, María Noguera. Yo no los recordaba, pero un hijo de mi hermana Mercedes los conserva anotados en un álbum de fotografías de ella. El artículo se titula Amor nada más y en cada caso tiene un autor, así: Mario Guearyia, Arion Guemara, A. Guerra Manoi, Ariman Roguea, María Guerano, María Onaguer. Antes de olvidarme le digo que otro artículo también con el título Amor lo firmó como María Bolívar, otro con mi nombre, María Noguera Y sobre el gobierno de Venezuela hizo varios como Mariana Córodo, María Coronado, Fabián Vídal y Rafael María Bolívar Nogueri. Vea en este último que es el nombre de pila de él y el nombre mío, intercalados”.

Un solitario con nostalgia de la patria

“A veces pasaba el día solamente con la merienda y al anochecer se marchaba a la calle. Tenía pocos amigos y le fascinaba caminar por el malecón totalmente solo. Un año antes de morir le dio por embriagarse día y noche y teníamos que buscarlo en los lugares más inverosímiles. Las constantes arremetidas de la policía contra su persona lo habían hecho más huidizo. Le dio por ingresar a un ejército de mercenarios que se organizaba en Francia para invadir a Venezuela, pero no iría si yo no lo acompañaba. Él sin mí se sentía disminuido, pero se perdía en los últimos tiempos hasta por un par de semanas y cuando regresaba sufríamos juntos sus desventuras y a pesar de eso traía siempre páginas y páginas que había escrito en los lugares en donde la noche o el sueño lo tomaban. Rafael jugaba también con las letras de su propio nombre. Mi hermana conserva algunos artículos en que para descifrar el título hay que detenerse y observar que título y autor reproducen el nombre y apellidos de él.

Una biografía de Bestia Victorino Gómez:

“Rafael se amistó con un venezolano tan solitario como él que vivía en Palma de Mallorca (Ramón Vallenilla Lecuna) y que cuando venía a Barcelona había alegría infinita en Rafael y en el amigo. Entrambos una tarde inolvidable dedicaron todo el tiempo a pensar cómo escribiría Rafael una biografía de dos personajes de su país de origen... Y reían... reían... Jamás Rafael rió tanto como ese día. Hizo anotaciones hasta en un trozo de cartón y reía, reía... con deseos de danzar en la calzada. Los vecinos que no estaban acostumbrados a verlo así se sorprendieron. Al día siguiente supe de qué se trataba. Empezaría en la noche a escribir dos biografías burlescas y mi hermana Mercedes tenía anotados los nombres de los fulanos: Doctor y General Juan Vicente Márquez Bustillos y General y Bestia Victorino Gómez. Pero no concretó nada Rafael, quien además andaba buscando información para hacer un drama de un Presidente de Centroamérica que sí es verdad que no tengo ya ni idea de quien era”.

Gírame algo

Cuando Andrés Eloy Blanco fue premiado en España por su extenso poema “Canto a España”, Bolívar Coronado le envió, felicitándolo, un telegrama urgente: “Eres un astro. Los astros giran. Gírame algo”.

Alma Llanera una canción venezolana, femenina y de Rafael Bolívar Coronado


Me encuentro con un apreciado amigo chileno que me cuenta que gracias a su permanencia en Venezuela se ha enterado de que Alma Llanera no es chilena. Y así otro amigo, músico, de dilatada trayectoria docente y muy respetado en la comunidad artística del estado Bolívar, juraba por sus ancestros que Alma Llanera era de un autor colombiano y aquello de “yo nací en esta ribera del Arauca vibrador” era para él una prueba concluyente de lo colombiano de la pieza por referirse a los llanos de Casanare. No podía aceptar que la ribera del Arauca referida fuera la del lado de acá y no la del lado de allá. Me costó convencerlo. Como también me ha costado convencer a muchos que la autoría de la letra no le pertenece a Pedro Elías Gutiérrez, que es el autor de la música, pero que hecho el loco vendió, el 1 de abril de 1942, los derechos de nuestro segundo Himno Nacional, a la Peer International Corporation por un dólar más porcentaje por regalías. Y lo más grave fue que don Pedro le mintió a la empresa gringa al garantizar en el contrato firmado que la pieza había sido creada por él solo y constituye su exclusiva propiedad, lo que ha creado la confusión al aparecer en las carátulas de los discos como de su autoría, despojando de esta manera a Rafael Bolívar Coronado de su derecho como legítimo autor de la letra de Alma Llanera, que fue especialmente escrita para ser cantada por una mujer en la Zarzuela Alma Llanera que se estrenó en Caracas el 19 de septiembre de 1914. La protagonista de la zarzuela era una hermosa llanera llamada Rita cuyo amor se disputan dos galanes, Miguel y Cubito, que dilucidan a puñaladas la controversia, que termina con la muerte de Miguel, mientras la dama en disputa se desgañitaba cantando “soy hermana de la espuma” y aquello de “...con claveles de pasión para orlar las rubias crines del potro de mi amador”, que nuestros recios cantantes bigotudos han modificado por si las moscas en “soy hermano de los pumas” y “...del potro más corredor”. No vaya a ser cosa.