DOMINGA ORTIZ, LA ABNEGADA ESPOSA DE PÁEZ
Juan Yáñez
Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela el 30 de octubre de 2011
Esposa fiel y abnegada, conoció privaciones, amarguras, indiferencias y desprecios. Todo lo soportó con entereza y supo conservar con firmeza el papel de consorte de aquel hombre surgido de la nada, que tempranamente comenzara a delinear su prominente personalidad en incipientes escaramuzas combatientes. Compartió sus anhelos, sus planes, sus fracasos y sus triunfos. Cuántas veces habrá soportado, esta mujer, la angustiosa incertidumbre del ignoto destino de las armas patriotas que su esposo lideraba en cruentas batallas. Fue mujer de temple, puntal y apoyo de la lanza tenaz del León de Payara. Su fe, sus vigilias y sus oraciones, propiciarían las bendiciones del Altísimo a aquellos humildes guerreros que no tenían vuelta atrás en sus intentos para establecer patria. Todo lo perfecto emana de Dios y es su energía la que propicia el advenimiento de todo lo existente. Partiendo de tal testimonio, es correcto que afirmemos que entre los dones que el Creador incluyó en el hombre se encuentra como principal premisa, el absoluto libre albedrío, que lo dispone en dueño y señor de sus actos. La ignorancia es la madre de la ambición y ésta oculta la templanza. Páez, aquel predestinado a toda la honra de los valientes, aquel sobresaliente General de Caballería que se distinguiera en la “Mucuritas” y luego pasara su porte heroico por “Las Queseras”, “Mata de Miel y Carabobo, no escapaba a la concluyente limitación de nuestra naturaleza: No dejaba de ser hombre, como lo somos todos, con nuestros defectos y virtudes. Por ello algún sabio yuxtapuso el axioma: Gloria solo a Dios…y paz para los hombres de buena voluntad. Esta última valoración (buena voluntad) es la que le sobraba a Páez, pero sin embargo no le alcanzó para advertir la profundidad de la existencia y relegar la responsabilidad de un compromiso ineludible que se convertiría al violarlo, en traición. Dominga Ortiz soportó como ninguna la felonía de un hombre que en sus ambiciones, la despreció inmerecidamente. Antonio Reyes en una de sus prosas dice: “(Dominga Ortiz debió) …enfrentarse años después con la tragedia de las mayores vicisitudes: Con la tragedia del relegamiento amoroso. Con la tragedia del abandono permanente y porqué no decirlo. Hasta con la inconfesable pena inherente a las noches sin luz y a los días sin pan”.
En la ufana frivolidad que da la gloria, Paéz, continuó su derrotero, de militar pasa a político, con aciertos y también con despotismos. Luego de “La Cosiata ”, de la mano de sus mentores se instruye culturalmente, se convierte en un hombre cultivado, hasta toma clases de piano y se familiariza con la lengua inglesa. Se relaciona con distinguidos salones y también toma una amante a quién le otorga inmerecidamente un rango similar al de una esposa. Mientras tanto Doña Dominga, se entera de oídas lo que el caudillo prepara, aún es su legítima consorte, en silencio, con la mayor dignidad pasa en solitario sus días un su humilde reducto llanero. Llegamos a 1850, Páez está preso en el Castillo de San Antonio de Cumaná y hasta la resignada Dominga llegan las noticias de su encierro. Sin dudar un instante se apersona ante el General José Tadeo Monagas, quien bajo su orden Páez está recluido. La recibe, la oye, la valora por sus probidades y al poco tiempo a sus instancias le otorga al antiguo Centauro la orden de libertad bajo la condición de exilarse. Es entonces que la humilde mujer le acompaña hasta la isla de Saint Thomas donde el héroe partiría hacia el forzado exilio. Quizás Páez, como muestra de agradecimiento le ofrece a Doña Dominga que le acompañe a su destierro.
La respuesta no se hizo esperar, fue concluyente y quedaron para la historia sus palabras, llenas de una honorable hidalguía, serenidad y decoro: “Vuelvo a mi retiro; solamente vine a cumplir mis deberes de esposa al sacarle a usted de la prisión”. Con mujeres así, ignotas, sacrificadas y nobles se construyó la patria. Pasen un feliz y placido domingo, amigos todos…
material gráfico: Archivo General de la Nación República Bolivariana de Venezuela