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BÁRBARO RIVAS, EL PINTOR INGENUO DE PETARE

 Juan Yáñez
Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela el 05 de septiembre de 2010
Riña de Gallos, obra original de Bárbaro Rivas
Todo el material gráfico que se muestra en el artículo pertenece a Bárbaro Rivas (1893-1967)
                                                                      De la misma manera que sería imposible omitir hoy a Reverón en el contexto de la pintura universal, cuando su figura ha trascendido méritamente hasta ubicarse entre  los principales artistas latinoamericanos.  Bárbaro Rivas ya ha alcanzado un merecido lugar  dentro de la otra vertiente de las manifestaciones artísticas como lo es el llamado Arte Naif o Ingenuo

Este pintor de muy humildes raíces, de vida desafortunada y amarga,  transitó por la acera de enfrente del arte.  Era un artista congénito y su pasión por la expresión plástica le surgía espontáneamente. Le era suficiente una rama seca sobre un suelo polvoriento, plasmar una idea o lograr un boceto.

Para  su sencillo entender el arte y la vida eran una sola cosa,  aunados e inseparables. En su obra se evidencian sus anhelos, sus emociones, sus tristezas y alegrías.  La realidad y la ficción se entremezclan y no logran fácilmente diferenciarse porque ambas pertenecen a un mundo idealizado y factible.  Representa al más alto exponente de la pintura  ingenua, que se ha hecho hasta los momentos en Venezuela. 

Su formación plástica  careció de la menor intervención externa y apeló a su conocimiento intuitivo de la misma manera  que los pintores de la más remota antigüedad, en que el arte no partía de un conocimiento adquirido sino algo instintivo, ancestral y natural. Dibujó y pintó el urbanismo y la topografía de su pueblo y del paisaje circundante, hizo también algunos retratos, autorretratos y bodegones. 

 Su estilo era ajeno a la perspectiva, a los valores y las reglas la composición tradicional. Comenzó dibujando sobre papel de estraza con trozos de carbón y paulatinamente fue descubriendo otros materiales e incorporando los colores al óleo de uso industrial. Había nacido en Caruto, barrio de Petare en 1893. Jamás asistió a escuela elemental alguna, ni aún consiguiera posteriormente perfeccionar su arte y sus conocimientos con alguien que fuera ajeno a su persona.

 Aprendió a leer a través de la Biblia y con la ayuda de una señora que luego fuera  su madrastra,  quien le inculcará a Bárbaro y a sus demás hermanos las enseñanzas cristianas, que evidenciará posteriormente en muchas de sus obras.

 Transcurrió su niñez y su adolescencia con muchas carencias y necesidades; la soledad, desdicha que siempre le acompañará, empieza a gestarse luego de la muerte de su madre y produce en el joven Bárbaro una crisis que le hace abandonar su hogar de Caruto, desvincularse de su padre y hermanos  y a partir de allí se instala en solitario en una humilde vivienda próxima a la Capilla del Calvario en Petare.

 Fue peón en el Ferrocarril Central  y su trabajo lo hacía a pie diariamente desde Petare hasta  Ocumare del Tuy vigilando que nada extraño ocupara  los rieles y así evitar los posibles descarrilamientos. También se ocupó de humildes trabajos ocasionales como albañil y pintor de brocha gorda. Su afición al alcohol  y sus crueles consecuencias lo fueron transformando poco a poco en un indigente.

 Ya a mediados de la década del 40 se había convertido en un personaje popular, objeto de burlas y de escarnios que soportaba con poca resignación y paciencia. Sin embargo esa etapa fue muy productiva y estimada posteriormente.

 A finales de 1949, un  crítico de arte llamado Francisco Da Antonio descubre su talento y comienza a presentar obras suyas en exposiciones colectivas y lo da a conocer al ambiente artístico caraqueño, Es entonces que despierta curiosidad nuestro personaje, quien en esa época aún no se había dado a conocer personalmente, a pesar de haber participado sus obras con reconocimientos en los Salones Oficiales del 1953 y 1954.

 Requerido por críticos y pintores, no quedó otra alternativa a su marchand, que presentarlo oficialmente  en una muestra  que organizara él mismo en los altos de de un local petareño conocido como el  Bar Sorpresa en 1956 y que conociera como “Siete pintores espontáneos y primitivos de Petare”. De allí en adelante  le llovieron infinidad de honores, de  premios y reconocimientos. 

 El Museo de Bellas Artes organizó una amplia y elogiada retrospectiva de su obra. Obtuvo el premio Arístides Rojas en dos oportunidades y posteriormente en 1957 fue presentado en la Bienal de San Pablo, allí recibió la Mención Honorífica como Artista Ingenuo.
Recibió el Premio Federico Brandt en 1963. Recibió otros reconocimientos en los EE.UU.

En 1966 se organiza una importante Muestra Individual  en Caracas con la finalidad de recaudar fondos para someter al artista a un tratamiento de desintoxicación etílica y al rescate de su persona. Lamentablemente no pudo alcanzarlo por la vergonzosa actitud de la entidad organizadora u otras responsables que demoraron  inexplicablemente  el dinero prometido, a pesar de ser justo, de su propiedad y merecidamente ganado.
  Muere en el Hospital Pérez de León, cuatro meses después de aquella exposición, el 12 de marzo de 1967.  Invitamos a los amigos y consecuentes lectores  a apreciar parte de su obra en nuestro blog…


Fuentes y Material Gráfico, agradecimientos a: amantesdelartevenezolano.blogspot.com   centrohistoricodepetare.com   amargosdemandarina.blogspot.com   cultuaunefista.blogspot.com   letrealia.com   migueleguedez.wordpress.com   tunoticierodigital.com    Galería de Arte Nacional.