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EL AUTOR DE "ALMA LLANERA"...

Juan Yáñez
Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela el 22 de agosto de 2010

                     Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador…

Así da comienzo, amables y consecuentes lectores, la letra de la canción más arraigada a esta tierra, que marcó definitivamente al auténtico espíritu venezolano. ¿Quienes de los que nacieron o habitamos este suelo y estando ocasionalmente en el exterior y por alguna eventualidad alcanzaramos a oír su sensible melodía, pudieron contener al menos una lágrima..?

Jamás habría imaginado el autor de su letra, la trascendencia que adquiriría la canción, la que a través del tiempo se convirtiera en el “Segundo Himno Nacional de Venezuela”. Aquel que escribiera sus versos y que aunados con su melodía, -de otro autor- logran despertar el orgullo nacional, se llamó en vida Rafael Bolívar Coronado, (1884-1924).

Había nacido en Villa de Cura y murió antes de cumplir los 40 años, tuberculoso; en la miseria más tenaz y oprobiosa. Cursó solo estudios primarios y obró circunstancialmente desde su adolescencia en diversos oficios y posiciones geográficas. Se culturizó gracias a su apasionamiento por la lectura y allí cultivaría su innegable genio literario. Conoció el llano apureño a sus quince años y allí laboró rudamente durante tres años, suficientes para atrapar la esencia vernácula del espíritu de la tierra y que después volcara en su insuperable “Alma Llanera”.

Algunos recordarán su nombre y quizás sus tribulaciones y su desprestigio. No es posible ocultar que a todo trance fue un escritor de triste y lamentable fama. Carlos Yusti, nos dice de él: “Fue Bolívar Coronado un escritor de innegable talento, no obstante su vida ladeada hacia el desparpajo y la trampa lo ha fichado para la posteridad como un zángano de las letras, especie de autor de segunda mano que utilizó más de seiscientos nombres para firmar sus escritos. Fue un indiscutible truhán que sin escrúpulo alguno se valió de los nombres de algunos autores consagrados para presentar textos suyos. Jamás se detuvo en consideraciones éticas al momento de engañar y timar en su buena fe a lectores y editores”.

Dura y rigurosa en demasía es esta apreciación y sin embargo se encuadra dentro de la verdad. Escribió siempre por una innegable necesidad. Sus magros ingresos nunca le alcanzaron ni aún para saciar el hambre y así justificaba su censurable proceder: “Como yo no tengo nombre en la República de la Letras, he tenido que usar el de los consagrados, porque yo no puedo darme el lujo de que surjan telarañas de las muelas” Vivió siempre en la ficción más absoluta. Se apropió de los nombres de los escritores más relevantes y escribió con su propia pluma y para ellos textos excelentes. Su magnífica narrativa violó toda la institucionalidad literaria de su tiempo. No se detuvo tampoco ante los editores a los que embaucó hasta el hartazgo.

 Se estableció en España becado por la dictadura de Gómez a quien elogiara y posteriormente le diera un trato inmisericorde en sus escritos. Rufino Blanco Fombona figuró entre sus damnificados y que engañara hasta el ridículo con unos supuestos manuscritos antiguos que reposaban el la Biblioteca Nacional de Madrid. Coronado fungió de copista de esos falsos documentos y no solamente de su pluma son los textos, sino que son de su invención hasta los nombres de los autores de los mismos.

Fue tan hábil en sus triquiñuelas que hoy día en las bibliotecas españolas, aún pueden consultarse “sus obras”, que con nombres de autores ajenos y algunos de ellos hasta inexistentes, todavía figuran en los catálogos de la literatura venezolana. La psicología ha logrado desentrañar los complejos vericuetos de la mente, entonces es oportuno reconocer y comprender las causas de su desvarío. Ante el análisis de su personalidad, nos encontramos ante un ser profundamente inseguro y con una muy baja auto-estima.

No era capaz de valorizar aquello que escribía con su propio nombre y entonces apelaba al engaño. Durante toda su vida fue un aventurero incansable, huyendo de si mismo y que lamentablemente desperdiciara su talento literario. Con toda seguridad, de no haber padecido ese trastorno, sería estimado hoy, como un distinguido escritor de las letras venezolanas.

 Son de su legítima autoría algunas obras que ocultó y jamás se preocupó en editar. Entre ellas se destaca “El nido de Azulejos”, un cuento que fuera premiado, hay también una infinidad de diversos escritos, de artículos periodísticos y algunos libros; uno de ellos: “Memorias de un semibárbaro”, que publicara por su cuenta Rufino Blanco Fombona en represalia por el fraude que le infringió Coronado y con la clara intención de desacreditarlo. Hoy, en estos tiempos en que poco nos asombra ya, nos detendremos un instante apenas, para intentar comprender y a la vez comparar a Bolívar Coronado con algunos otros escritores de reputación, que le sobrevivieron y que le sucedieron hasta nuestros días. Es entonces que al cotejarlo no sale tan mal parado, nuestro personaje sino que sobresale legítimamente enaltecido por su bagaje intelectual y retórico y por sobre todo por su desinterés por la notoriedad y la fama…

Material gráfico, agradecimientos a:  kalipedia.com   aldeaeducativa.com   llanofolkloreytalento.com   cellunerg.blogspot.com   antares2007.com   venezuelamia.com.ar