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Bienvenidos amables amigos y consecuentes lectores de nuestra................. COLUMNA DE PAPEL

Blog de Juan Yáñez, desde San Juan de los Morros, Venezuela....

LA FINALIDAD DEL PRESENTE BLOG ES PARA EXPRESAR IDEAS, COMENTAR LO QUE CONSIDERAMOS DIGNO DE ELLO Y HASTA PARA DECIR LO INCONVENIENTE SI FUERA NECESARIO...




La Providencia también sabe jugar al fútbol...





Juan Yáñez

                           
El fútbol es solo un juego, pero tiene en sus entrañas mucho de belicismo o agresividad; una manera de establecer poderío y sometimiento hacia los rivales. Es el circo de los romanos e indudablemente un espectáculo de primer orden. Ello es fácilmente demostrado en la celebración de este mundial de fútbol, por el precio de las entradas y más aún por los escandalosos precios de la reventa de las mismas. Por supuesto que los políticos de todas partes, saben la importancia de este deporte-espectáculo y tratan de aprovechar para sus artimañas y simulaciones, los beneficios del mismo para llevar agua para su molino…. y para allá vamos. 
  
 Fútbol, deporte de mayorías y en Brasil, más que en cualquier otra parte del mundo. En esta práctica todo lo que se haga viene al caso; no solo juegan los integrantes de cada equipo con un balón que es redondo y tratan de embocarlo en el arco contrario, sino que diversos elementos intervienen en el juego.  El arco con sus dos palos y un travesaño, también juega, la terna arbitral, el público, la grama, las líneas pintadas con cal, el clima y un sinfín de cosas más, tantas que hasta la suerte no puede dejarse de lado y como lo señalamos anteriormente, debe incluirse hasta la política. La Copa del Mundo significaba para los gobernantes brasileños de turno, un as oculto en la manga. Detrás de esa ostentación y despilfarro de recursos se escondía la reelección de Dilma Rousseff, otro de los males que se han puesto de moda, especialmente en la mediocridad política latinoamericana, pero el tiro les salió por la culata.

 Ahora habrá mucho que explicar, la gloria del título se esfumó con la escandalosa derrota propinada por los alemanes, -siete a uno es inconcebible - se tratará de echar tierra sobre todo este descalabro deportivo, social, político, administrativo, económico, engendrado con una gran dosis de soberbia.

El Partido de los Trabajadores, que ganara las elecciones y pusiera a Lula como el renovador de las políticas sociales en el Brasil y que continuara la Rousseff, se agotó por la mala administración, incapacidad y los inocultables sucesos de corrupción.
La mandataria no logró soluciones satisfactorias para los graves problemas sociales de la nación. Los disturbios y protestas forman ya parte del escenario de disconformidad que se ha extendido en las principales ciudades de Brasil.
Se protesta por todo lo anterior y se incluyen los altos costos que demandara la realización de la  Copa. La impopularidad demostrada principalmente por jóvenes se lo hizo saber.  Faltaba solo la guinda para la torta  De golpe y porrazo el fútbol finiquitó algo que no estaba en los planes de la Providencia y echara todo para el mismo demonio.

 A todo ello se no ocurre pensar que es preciso aquel viejo refrán que dice: “El hombre propone y Dios dispone” Es evidente que todo obedece a una suprema voluntad y es nimiedad lo que los hombres procuran.   


 Pareciera que la inexorable Providencia también sabe jugar al fútbol... 

Camilo José Cela: el rostro oculto de un premio nobel




ESCRITORES Y ESCRITURAS

Juan Yáñez

                                             Escritores y escrituras serán siempre tema para hurgar o curiosear, que partiendo del interés intelectual o literario de los lectores, se sitúa y se convierte en exigencia o poco menos, para los amantes de los libros y las letras.  Con seguridad, desde la prehistoria ha habido escritores, expresión solo limitada por su por la carencia del lenguaje escrito. Sin embargo la idea que subyace en los escritores debe existir antes de volcarla a los caracteres. Suponemos que se escribiría sobre la mente y ciertamente se guardaría en la memoria lo allí escrito y de hecho podría devenir en literatura de tradición oral. Hoy aún ese es un método para muchos que escriben y moldean la idea para después trasladarla a la escritura. Definitivamente, para ser escritor se necesitan valores o por lo menos franqueza; la ética es fundamental, como un límite infranqueable para no caer en la carencia de decencia. El poeta Homero, el legendario autor de la Ilíada y la Odisea, obras fundamentales de la cultura clásica, fueron consideradas por los griegos de aquella época y por las generaciones posteriores como las obras más importantes en la literatura de la Antigua Grecia y sirvieron  como fundamentos de la pedagogía griega de todos los tiempos. A nadie se le ocurrirá poner en duda la honestidad y dignidad de Homero. No existiendo tampoco elementos para ello; el legendario Homero transitó la senda del conocimiento, la virtud, la educación, la cultura del mundo civilizado. El artículo que presentamos a continuación, titulado "Camilo José Cela: el rostro oculto de un premio nobel" lleva la firma de Cristóbal García Vera, es el reverso de éste, que anotamos como comentario y sirve como consecuencia de la nota, que pone en tela de juicio al fallecido escritor, premio nóbel, Camilo José Cela. 

                                                             ......

Camilo José Cela: el rostro oculto de un premio nobel
Cristóbal García Vera

                                                    Tras la muerte de Camilo José Cela, el 17 de enero del año 2002, los medios de comunicación españoles reprodujeron y ampliaron una auténtica avalancha de elogios sobre la obra y la vida del académico de la lengua y premio Nobel de literatura. No podía ser de otro modo. Es una vieja tradición española demostrar el respeto por los difuntos - o al menos por algunos- resaltando sus bondades e intentando olvidar sus defectos. Aún así, resulta especialmente reveladora la amnesia colectiva que afectó a políticos, periodistas, eclesiásticos, escritores y editores a la hora de enjuiciar la trayectoria del escritor gallego. Entre sus colegas - con algunas excepciones como la del catalán Juan Marsé - los reconocimientos fueron generales. 

En el área editorial esta unánime devoción fue rota tan solo por la aparición de una biografía que bajo el título "Desmontando a Cela"(Ediciones Libertarias) vino a constituir un solitario contrapunto en ese bosque de cumplidos y bombos mutuos en el que, a menudo, se convierte la investigación periodística española. Tomas García Yebra, el autor de este magnífico trabajo, traza una semblanza de Cela en la que se ponen al descubierto facetas de su recorrido personal y literario que habían permanecido oportunamente encubiertas tras el brillo de los premios y los honores institucionales. 

Y es que, Don Camilo fue lo que suele reconocerse en nuestra sociedad como un "hombre de éxito": prestigioso y cotizadísimo novelista, articulista sin precio y dueño de un millonario patrimonio. Frecuentó a ministros - Federico Trillo fue el padrino en su boda con la periodista Marina Castaño- e incluso llegó a ejercer brevemente como senador gracias al democrático dedo de Juan Carlos I. Sin duda, esta consagrada posición social influyó decisivamente en la edulcorada imagen que se fabricó de él para su consumo popular: La de un genial escritor, íntegro aunque algo mal hablado y con un carácter difícil. 

Así pues, no es extraño que los últimos descubrimientos sobre el personaje hayan sido acogidos por muchos con cierta sorpresa. Muy recientemente, el diario londinense The Guardian acusaba a Cela - basándose en unos documentos descubiertos por el historiador Pere Ysàs- de haber sido espía de la dictadura franquista y delator de otros escritores e intelectuales durante la década de los sesenta. Un viejo informe del Ministerio de Información ha desvelado que Camilo José Cela no se conformaba con denunciar a sus compañeros; sino que se permitía sugerir a los jerarcas del régimen - en ese caso concreto a Manuel Fraga- que utilizaran el soborno como procedimiento para "recuperar" a los intelectuales disidentes con convicciones menos arraigadas. En realidad, esta sucia y hasta ahora ignorada historia encaja a la perfección con la calidad humana del difunto marqués. Nos brinda, por tanto, una magnífica oportunidad para recordar quién fue realmente este aclamado "prohombre" al que, 
aún hoy, recuerdan con veneración en ciertos círculos supuestamente progresistas.


LOS BUENOS "OFICIOS" DE DON CAMILO DURANTE LA DICTADURA FRANQUISTA 

Aunque en cierta ocasión Cela llegó a expresar solemnemente "es muy amargo, más que triste, que los hombres se denuncien los unos a los otros para seguir viviendo. Se puede vivir sin caer en la delación"; el insigne escritor no se caracterizó, precisamente, por asumir los consejos que ofrecía a los demás. 

En 1938 - cuando los ya victoriosos ejércitos de Franco imponían el terror y la venganza sobre la España derrotada- Camilo José Cela enviaba una solicitud al Comisario General de Investigación y Vigilancia ofreciendo sus servicios como delator. 

"Que el Glorioso Movimiento Nacional se produjo estando el solicitante en Madrid…" -expresaba el escritor- "y que por lo mismo cree conocer la actuación de determinados individuos… cree poder prestar datos sobre personas y conductas que pudieran ser de utilidad…" 

El autor de "La Colmena" pretendía sacar buen provecho de su conocimiento de los ambientes literarios del Madrid republicano contribuyendo a la caza de los "intelectuales rojos y apátridas", como entonces se les llamaba. Para poder calibrar con exactitud el significado de su ofrecimiento es preciso recordar que en aquellos años ser acusado de "rojo" conducía, en muchos casos, a los paredones de fusilamiento. No sabemos cual fue la suerte que corrió su solicitud pero entre 1943 y 1944 -quien muchos años después ostentaría el título de Marques de Iria Flavia- se encontraba instalado en las oficinas de la Sección de Información y Censura del Glorioso Movimiento Nacional, trabajando como censor bajo las órdenes del ideólogo falangista Juan Aparicio. 

Aunque han transcurrido muchos años desde entonces, las indiscretas hemerotecas aún conservan algunos de sus escritos de esta época. Como el poema publicado en el libro Laureados (Ediciones Fermina Bonilla. Madrid, 1940) que comienza: 

"Mussolini nos dijo que - la historia se mueve con la rueda de la sangre..." para terminar reclamando "la bendición de Dios - Para Francisco Franco, nuestro Caudillo y Padre". 

O el artículo publicado en el diario "El Alcázar" en 1949 con el título "A pie y sin dinero" (Loa del Arma de Infantería en el día de su patrona). He aquí algunos interesantes extractos de las reflexiones con las que el joven Cela comenzaba su carrera como brillante articulista: 

"La guerra no es triste porque da salud- que no se me lleven las manos a la cabeza los timoratos-…la guerra no es triste, porque levanta las almas. La guerra no es triste porque nos enseña que fuera de la bandera, nada, ni aún la vida, importa…" 


Don Camilo dedicaba estas patrióticas líneas a "mi coronel, el general Millán Astray". Y, a tenor de su contenido, muy bien podría haber concluido el intelectual de Iria Flavia con la famosa frase de su admirado coronel "¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!"

¿Expresaban estos escritos un sentimiento genuino o tan solo la genuina intención de medrar a cualquier costa? Sea como fuere, durante la dictadura franquista - que condenó al exilio o al ostracismo a lo más valioso de la intelectualidad española- Cela publicó sus mejores novelas, escribía asiduamente en la prensa, recibió múltiples premios e ingresó por la puerta grande en la Real Academia de la Lengua.


ODIO ETERNO
A CRÍTICOS Y DETRACTORES 


También en los avatares de su ascenso hacia la posición de escritor consagrado dejó Camilo José Cela buenas muestras de su calidad humana. Según declaraciones de su propio hijo y de uno de sus biógrafos, Mariano Tudela, el escritor gallego jamás perdonó a los académicos que se habían opuesto a su entrada en la Real Academia de la Lengua y conservó hasta el final de sus días sus nombres en una peculiar "lista negra". Tampoco perdonó a los críticos que osaron cuestionar alguna de sus obras. En la medida de sus posibilidades intentó siempre que el peso de su venganza cayera implacable sobre la cabeza de los que consideraba sus "enemigos". 

Un buen ejemplo de esta cristiana actitud nos lo ofrece la historia de "La catira", una novela escrita por encargo por la que recibió la entonces fabulosa suma de tres millones de pesetas del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez. Por esta obra le otorgaron además el "Premio de la Crítica", aunque no con la unanimidad de todo el jurado. Eusebio García Luengo, un conocido y consecuente escritor republicano, fue uno de los que se atrevió a votar en contra de "La catira". Cela lo descubrió e intentó vengarse del agravio escribiendo una carta al director de la revista "Índice", en la que trabajaba García Luengo, con la intención de que lo despidieran. "Ese es un rojo de mierda", escribió, intentando aportar razones de peso para avalar su petición. El director de la revista no solo no accedió a sus pretensiones sino que puso al corriente al novelista extremeño de la tropelía que Cela había intentado cometer. Idéntica reacción tuvo contra el escritor Leopoldo Azancot, qui
en en los años setenta realizó una crítica negativa de su obra "Oficio de tinieblas 5". En esa ocasión, Cela alimentó pacientemente su resentimiento durante veinte años; hasta que, ya en la década de los noventa, se le presentó una ocasión propicia para castigar la terrible ofensa. Por aquel entonces Azancot ejercía la crítica literaria y también escribía una columna de opinión en "El Independiente". Cela no dudó en llamar a su director, Pablo Sebastián, para exigirle que despidiese a su empleado. Solo a medias consiguió sus objetivos, ya que Sebastián mantuvo a su crítico con la condición de que éste evitara mentar al insigne Nobel aunque, eso sí, le retiró su columna de opinión.


LA DECADENCIA INTELECTUAL: DE ESCRITOR A COMERCIANTE DE FERIA 

Acaso haya quien considere que en nada afecta la oculta biografía de Camilo José Cela a la calidad de su obra literaria y que, en cualquier caso, se trata de dos aspectos que deben analizarse por separado. Nosotros mantenemos, por el contrario, que enjuiciar cualquier obra de arte partiendo de una arbitraria división entre estética y ética o entre su contenido y su forma, impide aprehenderla en su totalidad y que, por lo tanto, este procedimiento se convierte en una pobre herramienta para desarrollar una crítica aceptable. Pero tampoco nos parece necesario justificar teóricamente esta concepción, seguramente será mucho más ilustrativo mostrar alguna de las maneras en las que la personalidad de nuestro distinguido novelista afectó a su producción intelectual. 


Muy posiblemente, si Cela se hubiera limitado a escribir "La familia de Pascual Duarte" (1942), "Viaje a la Alcarria" (1948) y "la Colmena" (Buenos Aires, 1951), esta aportación hubiera resultado más que suficiente para otorgarle un lugar destacado dentro de la literatura en lengua castellana. También es cierto que la desgarrada historia de Pascual Duarte difícilmente hubiera visto la luz sin el padrinazgo de su protector, Juan Aparicio, Delegado Nacional de Prensa y poderoso jerarca en el control del pensamiento durante una buena parte de la dictadura. Por supuesto, esta circunstancia no resta un ápice a la indudable calidad de la novela aunque sí nos hace reflexionar sobre la cantidad de escritos que, seguramente, no llegaron a conocerse jamás debido a que sus autores no "disfrutaban" de tan buenas relaciones con los funcionarios de la dictadura franquista.

En cualquier caso, en estas tres obras alcanzó Cela la cumbre de su producción artística. Nada de cuanto alumbró más tarde conseguiría igualar la fuerza transmitida en La Familia de Pascual Duarte o la maestría con la que retrató el Madrid de la posguerra en La Colmena.

En los años sesenta intentó abandonar el "realismo" para ofrecer una literatura de "vanguardia", con obras como la ya mencionada Oficio de tinieblas 5. En nuestra opinión su tentativa de evolución alcanzó unos pobres resultados. Posteriormente su prosa se hizo cada vez más retórica, más vacía. Tal vez no tenía ya historias que contar o quizá le faltaba la necesidad de expresarse, la emoción necesaria para convertir en arte las vivencias más cotidianas. En cualquier caso, también durante esta etapa fueron mayoritarios los halagos y las críticas elogiosas y, por supuesto, continuó acumulando galardones. Entre sus múltiples condecoraciones cabe destacar el premio "Príncipe de Asturias de las Letras" (1987), el "Cervantes" (1995) y, por encima de todos, el anhelado Nobel de literatura (1989), con el que logró consagrarse internacionalmente. 

Muy pocos autores han sabido rentabilizar mejor la ciega admiración y los privilegios que lleva aparejada la posesión de este premio. En realidad, Cela siempre fue un maestro de la autopromoción y a menudo consiguió mantener su popularidad gracias a sus extravagancias y sus truculentas salidas de tono. Pero llegada esta etapa de su vida el escritor fue eclipsado por el comerciante y dedicó buena parte de sus esfuerzos a vender el prestigio de su pluma y de su imagen a todo aquel que pudiera permitirse pagar su nada menguado caché. Cela cobraba absolutamente por todo, conferencias, entrevistas, apariciones televisivas, prólogos para libros, asistencias a actos públicos o meras exhibiciones. Un artículo firmado por el maestro, 250.000 pesetas, publicidad de la Guía Campsa, unos cuantos millones para el maestro… la lista sería interminable.

Don Camilo tuvo la fortuna de encontrar una emprendedora apoderada para sus negocios en su segunda esposa, Marina Castaño, una periodista treintañera que alegró los últimos años de su vida y que a cambio recibiría, a la muerte del escritor, una suculenta fortuna. A Charo Conde, la que había sido su mujer durante más de cuarenta años; la madre de su único hijo; la transcriptora de sus manuscritos; la que en su día evitó que los pliegos de La Colmena se consumieran entre las llamas de la chimenea en la que los había arrojado el impulsivo gallego; el millonario marqués de Iria Flavia ni siquiera le pagaba la mísera cantidad de 100.000 pesetas a la que sus caros abogados habían conseguido reducir la pensión de mantenimiento. 

Dentro del impresionante tinglado comercial que concienzudamente fue construyendo el empresario - escritor merece una mención especial la Fundación Cela. Esta entidad cultural recibió -desde su aparición en 1986 hasta el año 2000- 1138 millones de pesetas en subvenciones, de los cuales aproximadamente la mitad procedían del dinero público. De este extraordinario baile de millones se hizo eco la revista gallega, Tempos Novos, que denunció una supuesta desviación de fondos efectuada a través de sociedades interpuestas y de la que, presuntamente, se beneficiaban Cela y Marina Castaño. Una historia más que quedó convenientemente olvidada. 

En cuanto a la producción literaria de Don Camilo, en las últimas décadas de su existencia lo cierto es que ésta fue más bien escasa y, todo hay que decirlo, de muy dudosa autoría. En las tertulias literarias y entre ciertos periodistas al parecer se hablaba de los numerosos "negros" que utilizó Cela a lo largo de su peculiar andadura como comerciante de las letras. Existen al menos dudas razonables que permiten cuestionar la originalidad de obras como Mazurca para dos muertos, ambientada en una región de Ourense desconocida por Cela, o de su última e indigesta novela, Madera de Boj.

EL ESCÁNDALO DEL PLAGIO

Sin embargo, el gran escándalo - tan grande que fue imposible evitar que trascendiera a la opinión pública- tuvo lugar cuando una desconocida escritora gallega denunció que Cela había plagiado una obra suya para escribir La cruz de San Andrés, ganadora del Premio Planeta en 1994. Sucedió que la señora María del Carmen Formoso, que así se llama la damnificada - ignorando que la Editorial Planeta tiene decidido con meses de antelación quien será el beneficiario de su premio - envió su primera novela larga, Carmen, Carmela, Carmiña, al amañado certamen. En esta ocasión el suculento premio había sido concedido al insigne Nobel que, sin embargo, no tenía ninguna obra para presentar. Los responsables de Planeta no tuvieron ningún pudor en resolver el problema robando el texto de Carmen Formoso que, ambientado en Galicia, era un material adecuado para que Cela o sus escribanos lo rehicieran convenientemente. Al menos la escritora gallega tuvo la precaución de inscribir su obra 
en el registro de la propiedad intelectual, de manera que fue posible cotejar ambos textos, operación que demuestra, sin lugar a dudas, la existencia del plagio. Idéntico argumento y estructura, parecidos personajes e incluso frases enteras reproducidas textualmente lo atestiguan. 



La escritora Carmen Formoso

No tardaron mucho en salir en defensa de Cela escritores y periodistas de diferente calaña, como Raúl del Pozo, Juan Manuel de Prada, Jaime Campmany o Francisco Umbral. Desde sus tribunas de los rotativos de la derecha estos mercenarios de la pluma hicieron causa común con "el maestro". El singular "izquierdista" de tertulia y columnista de El Mundo, Raúl del Pozo, achacaba a la sempiterna envidia española lo que para él era una acusación tan injustificable como el intento de rescatar, de entre los viejos documentos, el pasado de Don Camilo. No disponemos de los datos necesarios para poder juzgar si su aversión contra la memoria histórica es general o si se manifiesta tan solo cuando la porquería amenaza con salpicar a sus escritores más dilectos. 

Francisco Umbral, íntimo amigo del aristócrata de Iria Flavia, no contento con proteger el honor del Marqués, decidió aprovechar también su habitual columna en El Mundo para ensañarse con Carmen Formoso a la que se refirió como "Una señora de Santiago o así" o "esa concursante de embarazo literario tardío…". En opinión de Umbral, solamente la pataleta de la derrota podía explicar una acusación tan descabellada. Según su reputado criterio, "los únicos paralelismos de ambas novelas consisten en el tema", y "donde la concursante se muestra prosaica, vulgar, anónima, Cela se muestra una vez más creador, poeta, transfigurador de realidades y sueños".

Aunque cada uno con su peculiar estilo, las loas que Jaime Campmany y Juan Manuel de Prada le dedicaron a Cela desde la páginas del monárquico ABC vinieron también a reforzar esta alianza de la intelectualidad establecida contra las osadas pretensiones de justicia de la escritora gallega. Al fin y al cabo, y según las palabras del propio Umbral: "la concursante debe estar agradecida, porque el Nobel la ha mejorado". 


MUERTE Y FUNERAL DEL PROHOMBRE 

De esta forma, arropado por el incondicional apoyo de éstos y otros ilustres caballeros, bien instalado en su sillón de académico de la lengua, y sin tener que malgastar su genio escribiendo para ganarse la vida, llegó don Camilo hasta los 85 años de edad. La muerte lo encontró en compañía de su querida Marina Castaño, que se encargaría desde entonces de gestionar en solitario el Emporio Cela. El funeral del ilustre Marqués no careció de toda la pompa oficial que exige el protocolo. Como correspondía, la misa fue convenientemente santificada con la participación de Antonio María Rouco Varela, Presidente de la Conferencia Episcopal. Acudieron los entonces ministros Federico Trillo y Francisco Álvarez Cascos; la esposa del presidente del gobierno, Ana Botella; el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha; los periodistas Jaime Campmany, Fernando Onega y Pedro J. Ramírez; el defensor del pueblo, Enrique Mújica; el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano; entre otras personalidades. Menos nutrida fue la asistencia entre los familiares del finado. No se presentaron al solemne acto tres de sus cinco hermanos vivos y tampoco lo hizo su hijo, Camilo José Cela Conde, a quien el Nobel dejó por toda herencia un cuadro de Miró (que en su momento trató de recuperar desesperadamente). Tampoco puede decirse que el gremio de los escritores acudiera masivamente a rendir postrero homenaje al maestro. De hecho, no apareció por San Jerónimo del Real más que un solitario Juan Manuel de Prada que, a la salida del funeral, ensalzó la calidad literaria de la obra del difunto; al tiempo que se permitía realizar una leve crítica sobre su comportamiento tras la concesión del premio Nobel.

EL NEGOCIO DEBE CONTINUAR 

Pocos meses después de su terrible pérdida, Marina Castaño, protagonizaba la presentación de "Cuaderno de El espinar". Una supuesta obra póstuma de Cela compuesta por doce pequeños textos y trece grabados. Se preparó una cuidada y elitista edición de 300 ejemplares, cada uno de los cuales se vendió por la respetable suma de 400.000 pesetas. Debió de pensar Marina que bien podía la figura de su difunto esposo emular las gestas del legendario Cid y vencer algunas batallas pecuniarias incluso desde la tumba. Quizá estas filantrópicas aportaciones a la cultura, la Presidencia de la Fundación Cela, o sus colaboraciones periodísticas consigan llenar el inmenso vacío que, sin duda, aún hoy debe sentir la desconsolada viuda.

Tampoco Francisco Umbral quiso desaprovechar la ocasión para rendir su sincero homenaje al camarada desaparecido y se dio buena prisa en publicar un libro titulado "Cela, un cadáver exquisito". Sin el más mínimo escrúpulo, el escritor madrileño se dispuso a rentabilizar el morbo del momento aireando algunos chimes o retratando a una Marina Castaño "rapaz de lujos, vestidos, champán y fama social... o nueva rica". Pero el aporte más significativo de este libro de Umbral - por lo que contiene de autorretrato- es su increíble reconocimiento del famoso plagio de Cela: "Luego, el argumento lo denunció una concursante también galaica, que era quien había escrito la historia. La habían tomado el libro para pasarlo por la máquina estilística de Cela". Algo de carnaza había que ofrecer para fabricar un betseller y seguramente Umbral no encontró mejor manera de seguir sacando provecho de su vieja amistad. 

Al fin y al cabo, las exequias de Cela se convirtieron en un expresivo reflejo de lo que había sido su propia vida: un lucrativo negocio en el que, esta vez, él no pudo participar.


San Juan de los Morros nuevamente en concierto


  
Juan Yáñez                     
                 
               El pasado viernes 25 de abril  en el Centro Cultural “Simón Bolívar”, tuvimos nuevamente los sanjuaneros la grata presencia de los músicos que componen la Orquesta Sinfónica del Estado Guárico, quienes se presentaron juntamente con los integrantes de la Orquesta Sinfónica de la Juventud Guariqueña “Antonio Estevez” para darnos un nuevo testimonio de su calidad musical.

 En esta oportunidad y de igual modo, en el anterior concierto celebrado el 11 de abril  se sumó a nuestros músicos, un director asociado que a pesar de su juventud ha desarrollado una extensa y apreciada labor en el Sistema.

 Nos referimos al profesor Luis Castro, a quien le damos la más cordial bienvenida y nuestros mejores deseos de éxito en su gestión musical en el Estado.
Este ilustre músico se inició en la dirección orquestal en 1999 y desde allí ha recorrido un dilatado camino en el que se distinguiera en las principales orquestas del Sistema como lo son la Sinfónica Juvenil Teresa Carreño, la Sinfónica Juvenil de Caracas, la Sinfónica Nacional Infantil de Venezuela y la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela. 


Profesor Luis Castro
Ahora, éste eximio músico, integrado a nuestro núcleo, nos ha honrado con su exquisito talento y una disciplinada voluntad de trabajo, reconocida por los músicos y por la audiencia sanjuanera, cualidad ampliamente demostrada en este par de conciertos que en la presente nota señalamos.

Comenzaremos nuestro relato, con el más reciente, nos referimos al del pasado viernes 25, el que se titulara, (en consenso con la fecha conmemorativa del Día Internacional del Libro) “Gran Concierto en la Jornada del Libro y el Idioma 2014”. Se interpretó en primer término el Concierto para clarinete y orquesta  en la mayor, de Wolgang Amadeus Mozart, en el que se luciera un solista de excepción, el joven y talentoso Carlos Alexis Escalona, quien integra en la actualidad la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar, quien nos asombrara con sus dotes musicales.

Profesor Carlos Alexis Escalona
 Se completó el programa con la Sinfonía Nº 92 “Oxford”, de Joseph Haydn, dando así fin a una velada de gratísima mención por la depurada ejecución y el especial encanto de las obras elegidas.
 Para completar la crónica, haremos referencia al concierto anterior y que se oficiara el viernes 11 de abril, que correspondiera a la presentación en San Juan de los Morros, de nuestro director asociado, el profesor Luís Castro, de quien ya hemos hecho mención. En aquella oportunidad el concierto fue dedicado a los Niños y Niñas del Núcleo Jesús María Torrealba de San Juan de los Morros.

Se dio inicio con el Concierto Nº 1 para corno y orquesta de Richard Strauss, siendo el solista, Daniel Graterol, un eximio ejecutante que se lució y fuera aplaudido con cálidas muestras de entusiasmo por los asistentes.


Profesor Daniel Graterol
Finalizó la velada con una obra de significativa importancia dentro del mundo de la música, la 5ta. Sinfonía de Tchaikovski, pieza de difícil ejecución en que el director mostrara una perfección digna de maestros de extensa experiencia.

 Sin duda, con estos dos conciertos, se abre un nuevo ciclo para la música académica en nuestro estado y ello redundará en mejor música para una mejor sociedad.     

NO SOY CATÓLICO, PERO…




Una entrevista en la Radio Fe y Alegría San Juan de los Morros, Guárico

Juan Yáñez

                                                       Evidentemente la gran mayoría de los venezolanos nos identificamos con el catolicismo y ello forma parte de la tradición religiosa de este pueblo. Aclaro que no nací aquí, pero aquí nacieron mi esposa, mis hijos y aquí me aceptaron como un venezolano más. Los aquí nacidos, del mismo modo que otros muchos latinoamericanos, fuimos bautizados en la pila bautismal de alguna iglesia de los tantos pueblos o ciudades de la extensa geografía de éste subcontinente.

Ciertamente, cuando decimos iglesia, en la generalidad más extensa, nos referimos a la iglesia católica, con la excepción de aquellos que han adoptado alguna de las tantas iglesias reconocidas como cristianas, aunque no católicas.

 Ser católico en la más estricta expresión, conlleva una serie de condiciones que parten por sobre todo en aceptar la autoridad doctrinal de la Iglesia. Corresponderá a un verdadero católico, además de apartarse del pecado, deberá comprender su religión, ayudar a sus semejantes, practicar el bien, asistir regularmente al culto y por sobre todo cumplir a cabalidad con los Sacramentos de la Iglesia Católica.
Todo ello y otras disposiciones más, completan el exigente calificativo de católico, algo de no fácil consecución.

A propósito de ello, oportuno será referimos que el pasado sábado, en que dio comienzo el primer día del mes de febrero de 2014, asistimos a un espacio radial que se transmite regularmente en la radio de Fe y Alegría, filial San Juan de los Morros, llamado “La Cara del Esfuerzo” que fuera animado por un gran amigo, el profesor e ingeniero Ernesto Rangel de la Unerg,  un hombre ducho en el mundo de la comunicación y en otros menesteres en que tiene que ver la cultura y la ciencia.

 En cuanto a mi presencia allí, respondiendo a la amable invitación del profesor al programa, que compartiéramos con dos de sus alumnos,  versó sobre temas diversos y algunos proyectos que pensamos llevar a la radio, entre ellos un programa sobre la Orquesta Sinfónica del Estado Guárico. Abreviando ya, amables lectores, contesté algunas preguntas que se me hizo, sobre temas de actualidad, entre ellos se incluyó al Papa Francisco, y este es el quid de la cuestión.
 Mi apreciado compatriota a quien aprecio más por sus cualidades humanas que por su designación papal. Un hombre poseedor de una dignidad sobresaliente, con suficiente amplitud de espíritu que excluye cualquier dogmatismo religioso y llamado a reafirmar la universalidad de la fe cristiana desde el alto cargo al que fue elegido. Esa es la esencia de su ministerio, una clara señal, para nada excluyente que va mucho más allá de lo estrictamente católico. 

Entonces, amables lectores, volviendo al título de la nota, no queda otra que ratificarlo con la mayor convicción:  No soy católico, pero… 

El misterio del hombre que cayó del cielo y se estrelló en las calles de Londres


enero 2, 2014

Publicado en: LA PATILLA CuriosidadesTitulares

Eran las 7:30 de la mañana en Mortlake, un barrio a las afueras de Londres. No había nadie en la calle. De repente, un hombre cayó del cielo. Como si de un meteorito se tratara se estampó contra el pavimento, de cabeza. La policía llegó media hora después, tras recibir la llamada de un vecino. El cuerpo se encontraba en una posición tan extraña, y un estado tan lamentable, que los investigadores de homicidios eran incapaces de saber que había pasado con aquel hombre. ¿Cómo imaginar que venía de un avión?, publica El Confidencial.
Mortlake está justo debajo de una de las vías aéreas de acceso al aeropuerto de Heathrow. El detective encargado del caso, Jeremy Allsup, ató cabos, llamó a las compañías aéreas y descubrió que el cadáver que tenía entre manos era el de un polizón que había viajado en un vuelo proveniente de Angola, escondido en el hueco que hay en el depósito donde se guardan las ruedas tras el despegue. El momento de la caída coincidida con el instante en que el piloto había desplegado las ruedas.
Parece una historia más propia de una novela de ficción que de un periódico, pero el suceso ha protagonizado la última edición de The Sunday Times, y ha puesto al descubierto un fenómeno que pocos conocían. El caso de Mortlake no es un hecho aislado.
Desde 1947 se han identificado a 99 polizones que han viajado en el compartimento de las ruedas de un avión. 23 sobrevivieronEn un Boeing 777, como en el que viajaba el polizón, queda un pequeño hueco en el compartimento donde se recogen las ruedas en el que es posible viajar si se tiene muy poco aprecio a la vida. Si la seguridad del aeropuerto no es la que debiera –algo que sucede en muchos países africanos–, es posible acceder a este espacio antes de que el avión despegue. La cavidad no es mucho más grande que un ataúd pero, por increíble que parezca, se tiene constancia de polizones que han sobrevivido a vuelos transatlánticos.
Desde 1947, según ha estudiado el doctor Stephen Veronneay, de la Administración Federal de Aviación de EEUU, se han identificado a 99 personas que han viajado en la cavidad de las ruedas, en 88 vuelos. De estos, 23 sobrevivieron. Según el doctor Rob Chapman, el patólogo que examinó el cadáver de Mortlake, lo más probable es que el polizón estuviera vivo cuando cayó del avión. A lo que no sobrevivió, lógicamente, es al choque contra el pavimento.
A tanta altura, ha explicado Chapman, el oxígeno es reducido y hace mucho frío: el cuerpo entra en un estado de hibernación, para no consumir tanto. Lo más probable, en cualquier caso, es sufrir hipoxia: el estado de privación de oxígeno que acaba provocando la muerte. Hay quien sobrevive, pues, a medida que el avión descendiente, el cuerpo se calienta y el polizón puede recobrar la conciencia. A juzgar por los datos, un tercio tiene suerte, el otro tercio se estampa contra el suelo (ya que no está despierto para evitar que las ruedas se lo lleven por delante al desplegarse) o llega cadáver a la pista de aterrizaje.
Averiguando la identidad del polizón
¿Quién era el hombre que cayó del cielo en Mortlake? No tenía ningún tipo de identificación, sólo unos billetes angoleños, uno de Botswana y una moneda de una libra; un tatuaje, en el que se leía “ZG” y, por suerte, un teléfono móvil. El terminal estaba destrozado, pero Allsup logró recuperar parte del contenido de la tarjeta SIM. Entre otros un mensaje a un número de Suiza que decía “por favor amor call me” (sic).
Sólo hay dos cosas que pueden llevar a alguien a hacer un vuelo de ocho horas y media junto a las ruedas de un avión: el amor o la miseriaPasaron unas semanas hasta que Allsup logró contactar con el número suizo, pero finalmente descolgó el teléfono una mujer con un perfecto inglés. Su nombre era Jessica Hunt y tenía toda la información sobre el polizón, Josef Matada, de 26 años. Su familia había contratado a Josef en su casa de Sudáfrica pero hacía un tiempo que le había perdido la pista. Lo último que había sabido de él es que estaba en Angola y quería viajar a Europa para encontrar una vida mejor.
Esa es la historia que Hunt contó al detective. Pero había algo más. Hunt y Matada eran mucho más íntimos de lo que parecía. El redactor de The Sunday Times, David James Smith, viajó a Ginebra para reunirse con la mujer, y descubrió que Matada no se había metido en el tren de aterrizaje en busca de una vida mejor, se había metido en busca de la mujer que amaba.
Aunque Hunt mantiene que nunca tuvo una relación amorosa con Matada, se hicieron muy amigos –“éramos como hermanos”– y huyeron de casa cuando el marido de Hunt, un acaudalado hombre de negocios, expulsó al joven africano del servicio. Pasaron un tiempo juntos en una casa en la playa pero pronto se quedaron sin dinero, y acabaron en la calle. Hunt decidió viajar a Berlin, donde vivía su madre, para pedir ayuda. Intentó por todos los medios ayudar a Matada, pero el dinero nunca llegó a su destino. Su “hermano” africano desapareció, hasta que encontraron su cuerpo, destrozado, en una calle de Londres. Sólo hay dos cosas que pueden llevar a alguien a hacer un vuelo de ocho horas y media junto a las ruedas de un avión: el amor o la miseria. Matada sufría de ambas.


Señorita, póngame otro cero…!




Juan Yáñez

                                             De nuestra lejana niñez, algunas veces, surgen recuerdos que a pesar del tiempo transcurrido lucen tan frescos como si hubieran ocurrido ayer o temprano en la mañana.  Habitualmente, la nostalgia se hace presente y obra para que recordemos con el mayor cariño aquellos sucesos que a través de la vida  nos han dejado una huella positiva.  A propósito de ello, amables lectores, mereció que  un domingo de los tantos que con Bruno, un amigo de muchos años, con el que acostumbramos a desayunar en casa y  a primera hora, en que nos complace conversar e intercambiar ideas. 

En aquella oportunidad, la situación político-social o de otra naturaleza que impera en esta convulsionada sociedad, condicionó que abordáramos el tema del valor o la  valentía. Respecto a cualquiera de esas cualidades, coincidimos que lucen tan escasas en estos tiempos, que más que virtudes humanas, dejaron de serlo, para convertirse en una inalcanzable y suprema dignidad, propia de  los dioses. 

Aquella mañana Bruno ilustró la conversación con una anécdota acontecida en sus años escolares. El recuerdo se ubica en el salón de clase de un segundo o tercer grado y nos dice:  En una precisa oportunidad la maestra increpa a un alumno que se encontraba charlando con un compañero, le expresa resueltamente y a boca de jarro: --García, tiene un cero por conversar sin permiso. García, quien era el mejor alumno, un niño en apariencia dócil, a más discreto, aplicado y de excelente conducta. Calló, recibió estoicamente el desproporcionado castigo, mostró una expresión apesadumbrada,  quizás vergonzosa… y la cosa, en apariencia quedó allí.   Pero no fue así.  Pasaron unos instantes… y García reacciona como un resorte y valientemente dice: --¡Señorita, póngame otro cero…!

Se hizo un silencio absoluto, que se podía cortar con un cuchillo… Ni la maestra, ni los alumnos, dijimos ni pío. Luego de unos embarazosos, momentos la maestra, inmutable continuó con su clase, su rutina y no se habló más del asunto…

Bruno acabó su relato y ambos sonreímos; sobraban las palabras. ¿Para qué decir más?. Sin embargo en esas sonrisas compartidas había mucho para decir y lo decía sin impedimento el silencio y en un instante apenas.

Nos decía que…, imprescindible es el valor, porqué si careciéramos de esa virtud, aquellos que suponen haber  alcanzado un alto grado de espiritualidad, o de conocimiento, nada habrían logrado, pues el valor va aunado a la santidad o a la sabiduría.
Aceptar y callar son virtudes cuando se asocian con la humildad, más no, cuando el miedo o el temor se enseñorean en nuestra mente, desplazan a nuestra conciencia y entonces pecamos por omisión, que suele ser cobardía…

Terminando la reunión, Bruno ya se despedía y en la puerta le pregunto: --Y qué pasó con los ceros…?


--En el boletín de calificaciones de García nunca figuró ningún cero…—Respondió Bruno, montándose en su camioneta…


Bruno, su esposa Zaida y mi compañía, en una ocasional visita al Monasterio San José, en Güigüe, Estado Carabobo, Venezuela

LA CELESTINA


Juan Yáñez

                                        La literatura es por sobre todo razonamiento y dicho con la mayor simpleza, una necesidad de emular la vida con una pluma sobre un papel.  El escritor es un facilitador para crear  historias, que inspirado por los acontecimientos que en la existencia ocurren, lo motiva a figurarlos y concretarlos valiéndose de la palabra escrita.
Roland Barthes, el filósofo, filologo y ensayista francés contemporaneo, simplifica las ideas y para ello dice: "La ciencia es basta, la vida es sutil, y para corregir esta distancia es que nos interesa la literatura." Lógicamente, amigos y consecuentes lectores, para que  literatura cumpla su propósito es necesario que existan escritores y ellos obrando como cronistas, de hechos reales o imaginarios, intentarán esencialmente  establecer un “diálogo con su tiempo”. Esta última proposición también proviene de Barthes y a partir de ella, nos adentraremos en nuestro tema: La Celestina.
Es una obra dialogada en prosa, de gran extensión y complejidad, lo que la hace imposible de ser representada en teatro. Fue conocida en sus comienzos (1499) y años después, como Tragicomedia de Calisto y Melibea. Sobre su autoría, a pesar de que durante largo tiempo se dudara, las evidencias se inclinan hacia Fernando de Rojas, nacido en Puebla de Montalbán,Toledo (circa 1476), quien estudiara leyes en Salamanca, posteriormente se desempeñara como Alcalde Mayor en Talavera (Toledo), donde falleciera en 1541.
 El argumento marca la realidad social de las clases altas que existiera en la época, en la transición de la Edad Media y el Renacimiento. Son Calisto y Melibea los protagonistas principales de la historia, sin embargo es Celestina la que se impone en la obra. Por ello se da el cambio del título. Es el personaje mejor logrado y a la vez el más interesante de los protagonistas creados por el autor. La figura de La Celestina ha servido como obligada referencia sobre los manejos sin escrúpulos que se muestran en la sociedad. La Celestina ha pasado a la posteridad como la encarnación de la moral sin el menor recato, que se practica quizás hoy más que nunca, en ese sub-mundo, político, social, económico, etc. para convertir en legítimo todo aquello que no lo es, que contrapone la ley, a la ética, a la decencia, pasando a la torera, sin el menor escrúpulo, sin un ápice de moral, las disposiciones y normas en provecho propio u otros intereses. El personaje de la Celestina no repara en medios para lograr sus objetivos, y es la perversión personificada que envilece a aquellos a quienes somete.
Son Calisto y Melibea, jóvenes de clase alta que protagonizan una relación amorosa, evidentemente contrariada por diversas situaciones e intereses  y es La Celestina la intrigante, la alcahueta de oficio, que obra como mediadora, que  se vale de todos los elementos a su alcance para favorecer, de acuerdo a sus lucros, la relación. Para ello cuenta con la complicidad de los criados del enamorado a quienes promete y engaña para el logro de sus apetencias. La historia termina trágicamente con la muerte de los amantes. Calisto accidentalmente, cayendo de una escalera y Melibea al saberlo se arroja al vacío desde lo alto de una torre. 

Es La Celestina una obra cumbre de la literatura española y muestra además una lección moralizante que ha influido hasta nuestros días en esta sociedad. 

UNA VELADA MAGISTRAL DE EXPRESIÓN LÍRICA



Juan Yáñez    13.07.2013

Aquí en San Juan de los Morros, nuestra patria chica desde hace casi treinta años, que con ese amor generoso y desinteresado que da la tierra por la que fuimos acogidos, nos brindó nuevamente una agradable sorpresa musical  de una excelencia incomparable.

Nuestras orquestas sinfónicas, la del Estado y la Juvenil, que son parte de nuestro patrimonio cultural local más apreciado, nos deleitaron, -juntamente con dos reconocidas invitadas de honor-  la noche del pasado viernes 12 de julio de 2013, con una velada lírica de la mayor exquisitez y emoción que se escenificara en el Centro Cultural Simón Bolívar.

Bajo la magistral batuta del maestro asturiano, Hugo Carrio, que ya lleva con nosotros suficiente tiempo para que le apreciemos y reconozcamos una eficaz labor formativa en Venezuela toda y en especial en nuestra ciudad y estado,  y con la presencia de dos distinguidas damas, de las que ya hicimos referencia,  fieles exponentes  del canto lírico venezolano, que hicieron la delectación de todos los que asistimos a esa presentación.

Son ellas, -ambas sopranos líricas de especiales dotes- las damas, Betzabeth Talavera y Mharía Maneiro, y lo interesante fue conocer sus precisos vínculos filiales, son hija y madre, respectivamente. Sobre la joven Betzabeth quien nos emocionara con su calidad vocal, su técnica y su expresividad, que en palabras del maestro Rodolfo Saglimbeni, quien la reconoce como: “Una de las artistas más importantes del género operístico en Venezuela”. Otra cita sobre su talento la da la Revista Somos, de Lima, Perú, quienes la distinguen como “La Prinma Donna Venezolana”.


Actualmente es la soprano principal del Teatro Teresa Carreño y pese a su juventud, tiene en su haber profesional una importante trayectoria de extensa enumeración. Del mismo modo su señora madre, la soprano Mharía Maneiro, quien en su carrera como cantante de completísima trayectoria, que por más de veinte años, enalteciera la lírica venezolana en el país y en el extranjero.

 Hoy entre otras actividades está dedicada por entero a la fundación que lleva su nombre, donde realiza trabajos de producción, formación de las diversas disciplinas afines a la música.

El programa de esa inolvidable noche que perdurará en nuestra memoria,  dio comienzo con la suite Peer Gynt , No. 2 de Edvard Grieg y luego continuara con el género lírico donde se luciera especialmente Betzabeth con arias de Mozart, Bizet, Ofenbach, (en esta haciendo dúo con su mamá, quien nos mostrara su encantadora y cálida voz), luego una pieza del compositor Cilea y que culminara su presentación entonando y como estreno mundial, la magnífica obra del maestro Antonio Estevez, “El Ordeñador”.

Hubo mucho público, del mejor; los viejos seguidores de siempre y otras caras nuevas de especial sensibilidad que honraron al concierto con largos aplausos y exclamaciones de aliento y reconocimiento. Una velada para recordar, un ejemplo reiterativo de cómo se puede hacer música en una pequeña ciudad, con músicos con los que compartimos a diario en todo lugar de nuestra pequeña geografía. Son jóvenes de una relevancia y nivel comparable (doy fe, sin exagerar un ápice) con las grandes ciudades, mucho mejor dotadas desde todo punto de vista del mundo entero. El concierto finalizó con la Danza Bacanal de Saint Saenz,  de magnífica interpretación, magníficamente dirigida como todo lo demás por el maestro Hugo Carrio.



Ya  para finalizar se hace perentorio reconocer la labor de equipo de la Fundación del núcleo  de las orquestas guariqueñas, el FOSIJEG, en conjunción con  los músicos, quienes integrados logran estas excelsitudes que son un orgullo para el gentilicio regional. 

fotos: María Pérez

La sangrienta tragedia naval del Titanic nazi, el Wilhelm Gustioff



MANUEL P. VILLATORO / abc MADRID  (Publicado el 24 de junio de 2013)
Día 21/06/2013 - 21.56h

Más de 9.000 personas fallecieron cuando los soviéticos hundieron el buque que enorgullecía a Hitler, el Wilhelm Gustloff, al final de la II GM


El Gustloff
Entre todas las tragedias navales que se han sucedido a lo largo de la Historia, el sobrecogedor choque del transatlántico Titanic contra un iceberg siempre se ha alzado por encima del resto. Sin embargo, existe una catástrofe algo más desconocida pero que, a día de hoy, sigue siendo el mayor desastre marítimo del mundo: el del Wilhelm Gustloff, un buque nazi en el que, tras ser torpedeado, murieron más de 9.000 refugiados y militares del Reich al final de la II Guerra Mundial.
Aunque menos cinematográfica, la historia del Gustloff es, en muchos puntos, similar a la del gigante que chocó contra un iceberg. En ambos había botes salvavidas insuficientes para poner a salvo a todo el pasaje; en los dos hubo que usar armas de fuego para controlar a los pasajeros desesperados que intentaban subirse a las barcas de salvamento y en ambos hubo una ingente cantidad de fallecidos. No obstante, en la catástrofe del buque nazi fallecieron seis veces más personas que en el barco de la White Star Line.

El buque de la Alegría

La construcción de este gigante de los mares se dejó a cargo de los astilleros Blohm & Voss por mandato de Adolf Hitler, quien ordenó además que el buque debería ponerse a las órdenes de la Kraft durch Freude (KdF), una organización nazi dedicada a establecer las vacaciones de los habitantes de Alemania. En 1937, tras muchos meses de fabricación, este transatlántico fue botado definitivamente por el mismísimo Führer.
«El primero de mayo de 1937 se anunció en la radio y en la prensa: “El primer buque de nueva construcción de la KdF del Frente Alemán del Trabajo será botado el 5 de mayo de 1937 en la explanada del astillero Blohm & Voss de Hamburgo. El Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler, viene a Hamburgo para el acontecimiento. […] Todo Hamburgo está emocionado”», recuerda Heinz Schön, uno de los pocos hombres que lograron salvar la vida en esta catástrofe naval, en su libro «La tragedia del Gustloff. Relato de un superviviente».
En cuanto a su nombre, y a pesar de que en un principio se barajaban otras posibilidades, finalmente se decidió botar este transatlántico comoWilhelm Gustloff en honor de un político nazi asesinado algunos años antes. Así, aquel 5 de mayo, miles de miembros del partido nazi, soldados, y civiles, enarbolaron sus banderas para recibir a este nuevo buque de recreo bajo los gritos de «Sieg heil» (victoria y gloria).

El gran transatlántico de Hitler

Con 208,5 metros de eslora y 23,5 metros de manga en su parte más ancha, este buque no contaba con la gran envergadura del Titanic (que le superaba en 60 y 5 metros respectivamente). No obstante, las dimensiones del barco nazi le convertían, según recoge Schön, en el 5º buque alemán de mayor tamaño y en el 25º a nivel internacional.

Hitler ordenó construir varios buques de recreo que pudieran ser utilizados en combate

El Gustloff fue ideado para transportar aproximadamente a 1.465 pasajeros por travesía (a los que se sumaban los aproximadamente 500 tripulantes), para lo cual necesitaba de unas colosales instalaciones en su interior. «Alimentar a casi 2.000 personas no era tarea fácil. En la cocina trabajaban 28 personas. Por menú se preparaban unos 400 litros de sopa, 160 litros de salsa, 400 kilos de verduras y 1000 kilos de patatas. […] En la cafetería se usaban cada día una media de 50 kilos de café, 100 kilos de azúcar, y en cada comida, 800 litros de líquido y 250 litros de leche. En el bufé, donde se cortaba, se untaba y se disponía el pan, se consumían 10.000 rebanadas de pan al día, dos barriles de mantequilla de 125 kilos y 100 kilos de queso en cada merienda» señala el superviviente.
Este buque se destacaba además por una curiosa característica: no contaba con clases, pues todos los camarotes eran de un lujo considerable y similar. Sólo había una excepción, la estancia creada especialmente para Hitler. «El “Camarote del Führer” se diferenciaba de los demás camarotes del “barco sin clases” por un equipamiento mejor, aunque no extremadamente lujoso», completa Schön en su libro.

Primeros travesías y transporte de la Legión Cóndor

Después de realizar una travesía inaugural el 23 de marzo de 1938 sin incidentes, el Wilhelm Gustloff comenzó a llevar a cabo todo tipo de ostentosos viajes a múltiples partes del mundo. De hecho, pronto comenzó a hacerse famoso por efectuar un trayecto a la isla de Madeira. Para sus pasajeros, cruzar los mares a bordo de este inmenso transatlántico era todo un honor y un privilegio.
Sin embargo, tras apenas unos meses en activo como barco de recreo, el Gustloff llevó a cabo la primera de las muchas misiones militares que, en un futuro, tendría que realizar. Y es que, el 22 de mayo de 1939 el Führer ordenó a este trasatlántico dirigirse a Vigo, donde tenía la orden de recoger a la Legión Cóndor, los soldados alemanes que habían combatido junto a Franco en la guerra española.

El Gustloff participó en varias operaciones de rescate de heridos

«En España había finalizado la Guerra Civil. La participación alemana en esta guerra en suelo español, una especie de “escenario de prueba” para la Segunda Guerra Mundial, había comenzado el 1 de agosto de 1936 con la llegada de los primeros 85 voluntarios alemanes. Después, Hitler había decidido apoyar masivamente a Franco. Entre 1936 y año nuevo de 1939 invirtió 500 millones en este nuevo campo de maniobras para las tropas, en nuevas armas y en nuevas tácticas, en aviones alemanes, blindados, munición, y 20.000 soldados», determina el escritor alemán.
Pocos días después, el Gustloff amarró en el puerto ante los aplausos y las lágrimas de alegría de los militares españoles. «A primera hora de la mañana del 25 de mayo de 1939 llegaron al Gustloff altos oficiales españoles y oficiales de aviación alemanes […] A la mañana siguiente […] la España de Franco se empleó a fondo para la despedida. Miles de fascistas estaban de pie en el puerto para decir adiós a sus compañeros de armas; la noche anterior tuvieron celebración a bordo con ellos», añade Schön.

Un hospital sobre el mar

No obstante, todo cambió para el Gustloff el día en que Hitler hizo oficial el inicio de la II Guerra Mundial. Aquella mañana del 1 de septiembre de 1939, el líder nazi se dirigió mediante un discurso a multitud de buques para ordenarles servir de apoyo a las Fuerzas Armadas convirtiéndose en barcos hospital.
Con esta decisión, Hitler desveló definitivamente el maquiavélico plan que llevaba orquestando años atrás. Y es que, como Alemania tenía prohibida por la comunidad internacional la construcción de cualquier buque que pudiera ser destinado para la guerra, había ordenado crear varios barcos que pudieran reconvertirse rápidamente en hospitales y armas flotantes.

Los nazis pretendían evacuar en buques a miles de refugiados alemanes

Uno de ellos era el Gustloff, que en poco tiempo se modificó para surcar los mares como un buque enfermería. Para ello, se pintó enteramente de un blanco impoluto sólo atravesado por una gruesa línea verde. A su vez, se añadió en su chimenea el símbolo de la cruz roja. Si antes su aspecto era, cuanto menos, imponente, ahora este gigante había adquirido la apariencia de un fantasma.
«A partir del 1 de septiembre de 1939 ya no hubo ningún buque de Fuerza y Alegría llamado Wilhelm Gustloff. […] Se terminó el sueño del buque de recreo, de las travesías marítimas para los trabajadores, de los espléndidos viajes a Madeira, alrededor de Italia y a los fiordos noruegos. Fue un breve sueño como buque de la KdF el que pudo soñar el Wilhelm Gustloff. Duró apenas un año y 116 días. El tiempo de la alegría había terminado», finaliza el escritor.
Tras entrar a formar parte de la Armada, el Gustloff participó en varias misiones de rescate y curación de heridos a lo largo de toda la costa. A su vez, fue uno de los buques hospital movilizados por Hitler para llevar a cabo la «Operación León Marino» es decir, la ocupación nazi de Gran Bretaña. No obstante, finalmente este plan no se llevó a cabo.

Al servicio del ejército

Después de que se cancelara la «Operación León Marino» el Gustloff fue dado de baja como buque hospital y reconvertido, el 21 de noviembre de 1940, en una vivienda para la Sección II de la Segunda División de Instrucción Submarina. Además, para darle una mayor apariencia militar, se volvió a repintar de forma similar a los buques de la Kriegsmarine y se le añadieron algunas ametralladoras antiaéreas como posible defensa ante los cazas aliados. Sin duda, algo insuficiente para un transatlántico de esas dimensiones.
«Acabó anclado en el puerto de Stettin durante más de cuatro años, convertido en el alojamiento de los cadetes de la cercana base de instrucción en guerra submarina», determina por su parte Justino Balboa en su libro «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». En cambio, cuando la opinión general era que ya nunca volvería a navegar, el Gustloff recibió su última misión, la que condenaría a casi 10.000 personas a la muerte.

«Operación Hannibal», el inicio de la matanza

De esta forma, en enero de 1945 la situación cambió para el olvidado y amarrado Gustloff. Aquel fatídico mes, el transatlántico recibió la orden de dirigirse a la región de Gdynia -ubicada en Polonia- para rescatar a los refugiados alemanes que huían del avance del ejército rojo en la Prusia Oriental. Y es que los rusos, ávidos de venganza, se cernían ahora inexorablemente sobre el territorio nazi.
El Gustloff formaba parte de la llamada «Operación Hannibal», un plan mediante el que los líderes nazis pretendían, con la ayuda de 1.100 buques, desplazar a más de dos millones de refugiados a territorio seguro y fuera del alcance de la guerra. No obstante, lo que no sabían los altos mandos era que, a pesar de que salvarían a un gran número de civiles, las aguas del Báltico quedarían teñidas de rojo con la sangre de los fallecidos en el hundimiento del transatlántico que, en su día, ordenó construir Hitler.
«Todos los buques disponibles en el Báltico (militares, mercantes e, incluso, pesqueros) fueron destinados a la evacuación. En aquellos momentos, en el puerto, más de 60.000 refugiados trataban de abordar las naves, en un estado total de caos y confusión. Mientras los oficiales intentaban contabilizar y distribuir lo mejor posible a los pasajeros, eran muchos los que subían a bordo desordenadamente burlando la guardia», explica Balboa.

Una carga 9 veces superior a la debida

Eran momentos desesperados, pues quedarse en tierra para la población significaba hacer frente a una muerte casi segura. Por ello, y a pesar de que se habían asignado una serie de pasajes provisionales para el Gustloff, fueron miles los que lograron hacerse un hueco a costa de la incapacidad moral de los guardias, quienes no pudieron negar la entrada a nadie. Así, el transatlántico contaba el día de su partida con miles de pasajeros a bordo.

El S-13 soviético lanzó 4 torpedos que sentenciaron al Gustloff

«Las últimas investigaciones dicen que (con independencia de las cifras oficiales) a bordo del Gustloff se hacinaron 8.956 refugiados, 918 oficiales y marineros de la 2ª División de Submarinos, 373 mujeres del cuerpo femenino auxiliar de la armada, 173 auxiliares y 162 heridos graves, lo que hacía un total de 10.582 personas» completa el autor de «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». Es decir, el transatlántico partía nada menos que con una carga 9 veces superior a la aconsejable.
Sin embargo, el problema no era únicamente que no quedara ni un resquicio libre en el veterano buque –algo que dificultaba las posibilidades de supervivencia en caso de catástrofe naval-, sino que no había a bordo botes suficientes para todos los pasajeros. De hecho, en caso de que sucediera un contratiempo y se hiciera necesario abandonar a su suerte el barco, únicamente existían balsas de salvamento para unas 5.000 personas.

Partida hacia la muerte

Con todos estos problemas en sus anchas y metálicas espaldas, el Gustloff levó anclas el 30 de enero de 1945, día en el que, curiosamente, los alemanes celebraban la subida de Adolf Hitler al poder en Alemania. Aquel día, en cambio, los ánimos no estaban para fiestas. El frío sacudía a aquellos que se encontraban en las cubiertas superiores y la baja temperatura del mar hacía imposible la supervivencia de aquel desdichado pasajero que resbalara y cayera al mar.
Por su parte, la tripulación militar del buque tampoco celebraba realizar ese viaje, pues sabían que estaban casi indefensos ante cualquier ataque. De hecho, temían sobremanera un asalto marítimo debido a la presencia en el Báltico de multitud de submarinos soviéticos y a la escasa escolta que había recibido el Gustloff (un pequeño torpedero –el Löwe- que poco podría hacer ante una ofensiva coordinada del enemigo).

La decisión fatal

Tras algunas horas de viaje, y con los nervios a flor de piel, un mensaje llegó a los capitanes nazis que dirigían el buque. Las noticias no podían ser peores. Según se explicaba, una unidad de dragaminas alemana navegaba en su dirección y había peligro de colisión. Por ello, se hacía necesario encender las luces de posición del navío, hasta ahora apagadas, para que los barcos pudieran esquivar al poderoso Gustloff.

El navío se llevó al fondo del mar casi 10.000 almas

Tras una acalorada discusión en el puente, los oficiales dieron la orden y las luces se encendieron. Sin embargo, y exactamente como temían, el breve momento en el que estuvieron activadas reveló la posición del transatlántico, que fue visto por el submarino soviético S-13 al mando de Alexander Marinesko. Él sumergible del Ejército Rojo no lo dudó, cargó cuatro torpedos y tomó posiciones para atacar el flanco de un buque cargado de civiles y tropas del ejército de Hitler.
«A las 23:00 en punto, hora de Moscú, el submarino se colocó en posición de disparo. El S-13 se acercó a unos 1.000 metros del objetivo. Marinesko ordenó preparar los torpedos de proa para un ataque en superficie y sumergirse luego a una profundidad de tres metros. Cuando la proa del enorme buque fue reconocible en el centro de la retícula del periscopio del S-13, Marinesko dio la orden», explica el escritor alemán. No había vuelto atrás, el sumergible ruso había lanzado sus cuatro torpedos.

Tres impactos mortales

Unos minutos después, aproximadamente a las nueve y cuarto de la noche, tres impactos hicieron blanco en el costado de estribor del Gustloff. Las explosiones, que zarandean el buque, fueron las inyecciones mortales que condenaron a los miles y miles de pasajeros.
El primero impactó sobre la proa, provocando el cierre de los mamparos de seguridad que evitaban que el barco se fuera a pique. En un suceso similar al acaecido en el Titanic, miles de personas se quedaron aisladas en la sección delantera del barco, ahora sellada, sin posibilidad de subir al exterior. Estaban condenadas a morir ahogadas.
El segundo torpedo, por su parte, estalló en la piscina interior de la cubierta más baja del Gustloff, la cual se había vaciado para que se acomodaran en ella varias decenas de enfermeras auxiliares de la marina. «La mayoría de las víctimas ni siquiera debió de oír el estruendo. La muerte les sobrevino en el barco de la forma más fácil, las sorprendió mientras dormían», completa Schön. Finalmente, el tercero chocó contra la parte trasera del barco, mientras que el cuarto no llegó a salir, debido a un fallo mecánico, del S-13.

El terror se apodera del pasaje

Casi automáticamente, y a sabiendas de que el número de botes era insuficiente, una avalancha humana se lanzó sobre las escasas barcazas de salvamento mientras el barco se escoraba a estribor. En apenas 10 minutos el terror se apoderó de toda alma a bordo. Desde el puente, la orden fue clara: ¡Mujeres y niños primero!
Pero, como era de esperar, muchos hombres no aceptaron esta premisa y cargaron contra los botes y los oficiales que los custodiaban. Así, en una situación muy similar a la sucedida en el Titanic, algunos soldados se vieron obligados a abrir fuego con sus pistolas sobre los pasajeros para evitar que ningún varón subiera antes que una mujer o un niño a un bote salvavidas.

La tragedia del Gustloff sigue siendo la más grande de la Historia

«Mientras la gente buscaba desesperadamente en la cubierta superior del Gustloff alguna posibilidad de salvación, muchos seguían luchando en el interior del buque contra un destino horrible; yacían heridos o aturdidos por los gases de las detonaciones, en los camarotes, por los corredores y en las salas, estaban tirados, tumbados en el suelo o corrían desesperados de un lado a otro», añade en su texto el autor de «La tragedia del Gustloff»
En pocos minutos los botes se acabaron a pesar de que aún quedaban miles de mujeres, niños y hombres a bordo de este ataúd de metal. En ese momento la desesperación se hizo todavía más palpable mientras cientos y cientos de personas trataban de aceptar el cruel destino que les esperaba en aquellas gélidas aguas.

Los últimos minutos del gigante

El Gustloff no tardó mucho en irse al fondo del mar llevandose consigo a todas esas almas en su interior. Tal fue la impotencia de algunos pasajeros que, según narra Schön, un oficial alemán prefirió disparar a su familia –una mujer y dos niños menores de cinco años- antes de que estos murieran ahogados.
Finalmente, y aproximadamente una hora después de que el S-13 disparara sus mortales torpedos contra el navío nazi, el Gustloff se fue al fondo del Báltico junto con 9.400 personas y dejando unos 1.000 escasos supervivientes. Los números hacen que, aún hoy, el desastre de este buque sea el mayor de la historia naval.
EL BLOG OPINA

                        Una tragedia naval sin precedentes hasta la actualidad, que enlutara al régimen más pérfido que haya existido, capaz de utilizar en su beneficio los ardides más perversos e inhumanos, al igual con propios y extraños. Una historia impresionante en que hombres, mujeres y niños inocentes perdieran la vida de una manera por demás terrible y atormentada, que aún  logra conmover hasta el ser más indiferente.