Juan Yáñez
Publicado en el Diario La Antena de San Juan de los Morros, Venezuela el 20.02.2011
El que vive de esperanza, muere de sentimiento. Benjamín Franklin
La presente nota, amables y consecuentes lectores, enfoca un tema de opinión, que emana del entorno político nacional y es de rigurosa actualidad. Por este medio y sin la menor objeción ejercemos nuestros legítimos derechos de exponer nuestras ideas y opiniones. En primer lugar por el solo hecho de haber nacido humanos; y después por ser ciudadanos de una nación libre y soberana, como bien los entes gubernamentales lo afirman hasta la saciedad cuando lo consideran oportuno y necesario. La actualidad política y social nacional, por más que nos propongamos llevar al mínimo sus efectos y alcances, -aunque sea de forma circunstancial - no logramos conseguirlo.

Vuelve una y otra vez al ruedo sin darnos tregua. Esta columna desde sus inicios tuvo una clara intención de apuntar sus temas dentro del espacio cultural humanista y universal; hacia aquello que expanda sanamente el intelecto y el espíritu. Hemos glosado acerca de historia, filosofía, literatura, poesía, arte, ciencia y tecnología. La música, el teatro, la educación, la religión, los fenómenos sociales, etc. etc. etc. También hemos expresado, comentado, opinado sobre temas de trascendencia, importancia y algunos otros superficiales o ligeros En algunas otras oportunidades nos propusimos sugerir alguna atención o exhorto sobre algo que lo ameritaba. Siempre han sido textos que tienen que ver con la vida, con las relaciones humanas, con aquello que se fundamenta en principios, máximas o derechos. Del mismo modo hemos empleado palabras que fueron necesarias decirlas y otras veces, imposible callarlas. Hubo temas de interés general, otros que nos llevaban a la reflexión, a la ponderación, a la virtud, o al elogio a lo ético o moral y también a desaprobar aquello inconveniente o indigno.

Para esta semana habíamos preparado un artículo sobre el lamentable cierre técnico del Museo de Transporte, que funcionaba en Caracas desde 1970 y el incierto destino de sus 104 automóviles, 12 locomotoras, aviones, carruajes, carretas y embarcaciones; un importante icono cultural, único en Latinoamérica y orgullo de nuestra Venezuela, que parece que a nadie le duele, ni le importa; ni a las instituciones públicas, ni a las privadas. Ya las argumentaciones estaban listas y se iban vertiendo en el papel cuando de repente hojeando por un momento la prensa mientras tomábamos el café mañanero, ¡zas!, nos topamos con una noticia que no tiene nada de original por los reiterativos e inagotables pronunciamientos a lo que nos tiene acostumbrado el Presidente, que logró colmar nuestra capacidad de asombro, nos apartó de nuestro proyecto y nos fue menester considerarla. La noticia fue la siguiente:
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| El Presidente y sus promesas... |
“Chávez adjudicará miles de viviendas aún sin construirse. Prometió edificar dos millones de viviendas en los próximos seis años…” Bueno.., así será, si usted lo dice, Señor Presidente. A todo esto es bueno recordar que a nuestro Presidente se le suelen olvidar muchas cosas; el motivo seguramente tiene que ver con el ajetreo político en medio de una crisis que se intensifica día a día. No es una tarea fácil para nadie, más aún para un gobernante con tantos contratiempos, críticas, descuidos y un sin fin de infortunadas decisiones. Asimismo se desmejora su gestión con el permanente enroque de ministros, gobernadores, alcaldes, funcionarios, etc. que no alcanzan a cumplir sus objetivos, -en el mejor de los casos- ni aún a medias.
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Tres personajes que interactuan, pero que
sus enunciados no convencen. |
Entre otros tantos hay un olvido importante y por el que ahora se le está pasando factura al Sr. Presidente: En doce años de Revolución, solo ha construido una cifra inferior a las 300.000 viviendas. Asimismo peca por no haberse detenido a pensar. ¿Sí será posible edificar la bicoca de dos millones de casas en los próximos seis años? Lo más insólito y extravagante es su promesa de que este mismo año entregará los títulos de propiedad a los adjudicatarios aún cuando sus hogares son solo proyectos. A ojos de buen cubero esas ofertas a futuro son solo nubes en el cielo. Muchos de los solares o terrenos que se destinarán para edificarse, aún no fueron tomados o “expropiados”. El pasado domingo el Mandatario Nacional durante su exposición desde el proyecto “Ciudad Caribia”, en el estado Vargas afirmó:

“Desde ya vamos a entregar los certificados de adjudicación. Son títulos de propiedad sellados y firmados y cuando se terminen (las viviendas) los llamaremos para que se muden el refugio a su casa digna”. Estas palabras para nada escuetas, sobrepasadas, llenas de quiméricas promesas, de escasa y dudosa concreción, -nadie encuentra cobijo colocándose un título de propiedad sobre su cabeza- que no despertaran el menor entusiasmo en las personas que sufren en improvisados, desprovistos e indignos refugios, No es nuestra opinión, es la de los propios afectados que critican las condiciones infrahumanas que en esos lugares soportan. Oportuno es para salpicar la nota con chispas de ironía, son unas precisas palabras que alguna vez hemos oído y que dicen:

“No os preocupéis en dar palabra, porque con el prometer nada se pierde”. Sin embargo con estas actitudes se pierde y mucho. Se pierde la confianza, se pierde el aprecio y se pierde hasta el respeto. Ya la campaña electoral del primer mandatario dio comienzo sin aviso previo y anuncia que el último día del 2018, ningún venezolano se verá privado de su derecho habitacional. (sic). Muchos que han creído en sus palabras y que aún siguen creyéndolas le preguntarán: -Está bien Sr. Presidente, esperaremos a que se construyan nuestras casas, ¿Pero mientras tanto dónde viviremos..?
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